Camilo José de Cela

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20 octubre 2006

Cronica cultural y literaria


La noticia cultural y literaria por excelencia y que eclipsa a las restantes, es la que protagoniza hoy, 20 de octubre, Oviedo, bella ciudad en la que se han concedido los Premios Príncipes de Asturias, que cumplen 25 años en esta edición, en un emotivo y concurrido acto en el Teatro Campoamor, siendo los galardonados, en sus diferentes áreas, los siguientes, relacionados en el mismo orden en el que fueron entregados los diferentes galardones:

National Geographic Society, Premio de Comunicación y Humanidades.

Selección Española de Baloncesto, Premio de Deportes.

Juan Ignacio Cirac, Premio de Investigación Científica y Técnica,

Paul Auster, Premio de las Letras.

Pedro Almodóvar, Premio de las Artes.

Bill Gates y esposa, Premio a la Cooperación Internacional.

Mary Robinson , Premio de Ciencias Sociales.
(ex-presidenta de Irlanda)

Isabel Croqwley,, Premio de la Concordia
(Directora del Fondo de Maciones Unidas para la Infancia)

Abrió el acto el discurso pronunciado por el escritor estadounidense Pal Auster y finalizó con el pronunciado por el Príncipe de Asturias.

En los pasados días, algunos de los galardonados han participado en diversos actos en Asturias, como el protagonizado por Almodóvar y Auster, que ofrecieron el jueves por la noche, en Gijón, un coloquio en el que trataron en común sobre las raíces de sus impulsos creativos.

Mary Robinson, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales,llegó al Principado el mismo viernes y en su rueda de prensa se ha referido al proceso de paz en el País Vasco y vaticinó "mucho sufrimiento" aunque afirmó que éste "merecerá la pena" refiriéndose a los resultados que se pueden obtener, pero olvidando añadir que será la ETA y sus aledaños los favorecidos por el "mucho sufrimiento" de las víctimas y el pueblo español, en general, porque no se puede extrapolar lo sucedido en Irlanda, en esa cruenta guerra civil entre católicos y protestantes que empezó hace siglos, a España donde sufrimos el zarpazo sangriento de la simple, pura y dura acción terrorista.

Es curioso que se le haya dado este premio a alguien que ve positivo el "proceso de paz" -que no es más que una claudicación ante el mundo etarra y sus exigencias- que sufrimos los españoles en estos momentos.

¿Casualidad u opotunismo es dicha concesión? Los lectores inteligentes tienen la palabra.


Ana Alejandre

© copyright 2006. Todos los derechos reservados

Paul Auster



Paul Auster

Paul Benjamin Auster nació en Newar, estado de New Jerrsey (Estados Unidos), el 3 de febrero de 1947, hijo de Samuel Auster yQueenie, matrimonio que ejercieron diversos edificios en Jersey City.

Auster tuvo desde la infancia una apasionada afición por la lectura, siendo sus escritores favoritos Miguel de Cervantes (su libro preferido es "El Quijote"), Fedor Dostoievski, Edgar Allan Poe, Franz Kafka, Samuel Beckett o William Shakespeare, Nathaniel Hawthorne, entre otros.

Cursó estudios secundarios en el instituto Marplewood y después viajó por diferentes países europeos, como,España, Italia Francia o Irlanda. Más tarde, estudió lengua y literatura inglesa en la Universidad de Columbia, en la que se graduó en 1970. En esos años mantenía relaciones sentimentales con Lydia Davis, hija del escritor Robert Gorham Davis.

Una vez finalizados sus estudios trabajó, por mediación de su padrastro Norman Schiff ( el nuevo marido de su madre, tras divorciarse de Samuel Auster), en un petroleru y, posteriormente, viajó a Francia. En dicho país trabajó como traductor de autores franceses, especialmente poetas, hasta su regreso a los Estados Unidos en 1974, en cuyo año se asentó en Nueva York y se casó con Lydia con la que seguía manteniendo su noviazgo.

En Nueva York comenzó a trabajar como periodista, escribiendo en "The New York Review of Books" y en "Harper’s Saturday Review". A mediados de la década de los 80 y después de su etapa de escritor de poesía, y ensayos Auster debutó como novelista con "Jugada de presión" (1982), que fue publicada con el pseudónimo de Paul Benjamin. Em ese año publicó el libro de corte autobiográfico "La invención de la soledad" (1982).

Para entonces ya estaba divorciado de Lydia, se divorciaron en 1981, y Paul se casó con la escritora noruega Siri Hustvedt, con la que ha tenido dos hijos, Daniel y Sophie, y fue a partir de entonces cuando Auster fue conocido internacionalmente al publicar con éxito "La Trilogía de Nueva York", tríada de novelas del género de intriga formada por "La ciudad de cristal" (1985), "Fantasmas" (1986) y "La habitación cerrada" (1986).

Más tarde, Auster publicó otros libros como "El país de las últimas cosas" (1987), "El palacio de la luna" (1989), "Pista de despegue" (1990), "La música del azar" (1990), "El cuento de Navidad de Auggie Wren" (1991), "Leviatán" (1992), "El cuaderno rojo" (1993), "Mr. Vértigo" (1994), "Smoke" (1995), "A salto de mata" (1997), "Heridas de amor" ( cuyo título inglés es "Lulu on the bridge") (1999), "Sophie Calle: Doble Juego" (1999), "Tombuctú" (1999), "El libro de las ilusiones" (2002), y "La noche del oráculo" (2003).

También ha escrito poesía, de la que fue un traductor de los grandes poetas franceses y a la que reconoce como una gran inspiradora de su propio talento creador, y ha publicado un poemario titulado "Cimientos" (1990), una colección de relatos titulada "Creía que mi padre era Dios" (2002), que reunía historias enviadas por oyentes de un programa de radio, y también escribió algunos guiones cinematográficos como "Smoke", que fue una película dirigida por Wayne Wang , y basada en su propia obra, "Blue in the face" (1995). Este film co-dirigido por Wang y el propio Auster, quien, posteriormente, dirigió en solitario "Lulu on the bridge" (1999).

Paul Auster destaca como un excelente narrador de historias enigmáticas y sugerentes en relación con el problema de la identidad personal, situadas en ambientes urbanos y realistas a los que añade ciertos aspectos mágicos a esa realidad matizada por la intriga y el misterio, además de la importancia del azar, las circunstancias personales y el propio destino.

Su última novela publicada es "Brooklyn Follies" (2006) -que está dentro de la lista de los libros más vendidos en España en las últimas semanas- y cuya historia que está protagonizada por Nathan Glass, un hombre que regresa a su Brooklyn natal con el propósito de escribir un libro después de superar el cáncer que padecía y divorciarse de su mujer, es una narración que cautiva al lector desde el primer momento y se ve atrapado por el apasionante mundo de Auster, este extraordinario contador de historias de las que todos, de una u otra forma, nos sentimos parte por la sorprendente y magistral carnalidad que le otorga a sus personajes.

No es extraño, por ello, que a Paul Auster le hayan concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de este año, porque es un mago que sabe atrapar en su prosa todo el misterio y el enigma de la vida humana; pero conjugándola magistralmente con la realidad prosaica y cotidiana de cualquier ciudadano, independientemente del país en el que viva, en este complejo siglo XXI.

Ana Alejandre
© copyright 2006. Todos los derechos reservados

Retratos ejemplares - Wl pseudo caballero



Retratos ejemplares
(ejemplos para no imitar)
No hay mayor placer que ser tratado como un idiota por un imbécil (Oscar Wilde)

El pseudo caballero

Le gusta vestir con cierta elegancia, para lo que se encarga, algunas veces, los trajes a medidas y, sobre todo, las camisas, a las que dedica una especial atención. Todo debe ser, o parecer, único, exclusivo y hecho a su medida, al igual que la conciencia que, según el día de la semana y la ocasión, se la ajusta a las necesidades del caso, en justa correspondencia a su proverbial afición a la simetría y la proporción.

Su seguridad en sí mismo se basa, primordialmente, en utilizar a los demás como peana para alzarse sobre ellos, cosa natural para quien siempre debe quedar por encima -olvidando el conocido axioma que afirma que el simple hecho de querer quedar por encima es un reconocimiento implícito de estar por debajo-, lo que le lleva siempre a poner en duda la inteligencia, el talento, la cultura, la clase y la honestidad de los demás, por eso de que aquello de lo que se carece no se puede reconocer en los otros.

No admite más amabilidad hacia los demás que aquella que tenga como destinatario a alguien igual o superior en jerarquía o poder, según su propio baremo de calidades y excelencias, porque utilizar la cortesía con inferiores supone, para alguien como el pseudo caballero, rebajarse a su altura. A los "inferiores", según su juicio, en categoría social, laboral, o jerárquica, sólo los ignora o los utiliza para aquellos trabajos serviles, molestos o desagradables, impropios de todo caballero. Si alguna vez es agradable con alguien " inferior" a su nivel, -todo ello a su juicio, naturalmente, que suele ser muy poco acertado- es para conseguir un fin, aunque sea indirecto, o para despistar a quien recibe sus constantes muestras de cortesía porque, a sus espaldas, se burla de la supuesta candidez de aquél. Naturalmente, su principal afición, en alguien tan desprovisto de inquietudes de cualquier tipo que no sean las de mostrar siempre su falta de escrúpulos, es intentar burlarse de los demás a través de bromas anónimas, que considera muy ingeniosas y divertidas, consistentes en ridiculizar públicamete a alguien de formas diversas: negarle el saludo públicamente, unas veces; saludarle continuamente en otras ocasiones, imitar ruidos raros delante de la persona burlada, etc, y toda clase de acciones propias de un quinceañero maleducado y no de un aspirante a caballero, además de la diversión que le supone realizarlas, según la temporada o la ocasión propicia para despistar al receptor de la broma, porque todos saben quién es el autor de los hechos menos la víctima de ellos que, supuestamente, sigue en la inopia, "deslumbrada" por la inteligencia de su burlador, Por esa afición a las bromas, o por su peculiar sentido del humor, basado en reírse de los demás o, al menos, intentarlo, todo se lo toma a broma: el trabajo, el adulterio frecuente -siempre que sea él quien lo cometa y no su esposa porque eso no tendría ninguna gracia para el aspirante a caballero y bromista en ejercicio-, la responsabilidad laboral o profesional, el respeto a los demás, la hombría de bien, el sentido de la dignidad y la decencia, pues estas son cuestiones que por no serle conocidas y, menos aún, ejercidas, le parecen meras palabras, sin significado alguno.

Suele ocupar un cargo ejecutivo, pero sin excesiva responsabilidad, en una empresa familiar o de amigos, pero siempre gracias a las relaciones familiares o amistosas o algún puesto intermedio en la Administración, sacado por oposición, eso sí, que es el único y último esfuerzo que hace en todo el resto de su vida, porque, lo que de verdad le gusta, es vivir de rentas producidas por el trabajo de los demás.

Por supuesto, el trabajo le da alergia, y no primaveral, sino durante todas las estaciones del año, por lo que suele tener fama de vago y de delegar sus responsabilidades en otros: secretarias, colaboradores, ayudantes, etc,; y sólo cumple con sus obligaciones imprescindibles porque en ello se juega el sueldo que, es al fin y al cabo, lo único que le importa al aspirante a caballero y vividor de oficio y con beneficio. Por ello, siempre suele buscar a una rica heredera para esposa y si no lo consigue, misión difícil para quien sólo tiene planta - y de ahí le viene el complejo físico de "guaperas" y por consiguiente, el complejo psíquico de ser superior, lo que le provoca la sensación de estar por encima de todo y de todos, especialmente, del bien y del mal- y, sobre todo, mucha ambición, se conforma con menos capital, pero siempre que su futura esposa tenga un apellido ilustre, conocido, o que sea "pariente de", pero procurando tener muchos hijos con ella -que suele ser tonta y bastante pasiva, mujer ideal para todo aspirante a caballero que se precie-, y así tenerla ocupada para que no le dé la lata y no se entrometa en su vida: la doble y triple que vive quien, como todo vividor, sabe tirar la piedra y esconder la mano y con la otra señalar al prójimo.

Le gusta decir que practica algunos deportes -aunque su única afición deportiva sea el "dolce far niente", (el dulce no hacer nada)es decir, no dar un palo al agua-; pero todas sus aficiones deportivas, sin excepción, son siempre elitistas y aptas para cuentas corrientes saneadas; la hípica, el golf, la vela, etc.; aunque no practique ninguno, pero sea socio del club de golf más próximo y haga un esfuerzo para pagar la cuota y sólo corretee por el campo intentando poder atinarle un solo golpe a la dichosa pelotita; al igual que intenta ser socio del club de hípica sin tener idea de equitación, o alquile un velero por horas -que pilota el patrón, porque lo único que tiene de conocimientos y afición a la náutica es la gorra de patrón de yate-. Naturalmente, lo importante es poder presumir, no practicar unas aficiones para las que ni tiene aptitudes ni conocimientos y, menos aún, ganas.

En general, suele ser descendiente de familias en las que hay algún antepasado con un título de poca monta, quien pudo casar con mujer adinerada y a la que desplumó el capital a base de juergas, partidas en el casino y mujeres; o, entre sus ancestros, existen mujeres con famas de casquivanas que tuvieron amores adúlteros con amigos de la familia y, quizás, de la misma hubo descendencia, por lo que suele tener un cierto complejo de bastardía. Todo esa memoria familiar le produce a nuestro pseudo caballero un cierto tufo de nobleza rancia y de hidalguía ya perdida que intenta recuperar, quitándole el polvo y las telarañas, a base de altivez que no ocultan su inseguridad en que, de un momento a otro, se pueda desmoronar el andamiaje en el que sustenta su estúpido orgullo de don nadie con aspiraciones a ser considerado todo un caballero y que los demás así le rindan pleitesía; aunque en su comportamiento demuestre siempre que lo que más prima es su falta de caballerosidad, cultura, educación y respeto que son las verdaderas señas de identidad de un verdadero caballero.

No suele afrontar sus responsabilidades, sean éstas el embarazo de la amante de turno, los daños causados a un tercero a causa de su afición a las bromas o, simplemente, el adulterio cometido, el que negará siempre ante su mujer, porque si algo teme es tener que hacerse cargo de las consecuencias de sus actos y. en un gesto camaleónico que le caracteriza, suele urdir disculpas enrevesadas, excusas inverosímiles y trata de escurrir el bulto que es el recurso en el que es un verdadero maestro por eso de la cobardía congénita y la hipocresía de la que tiene una excelente marca -lo que podría corroborar su esposa, entre otras mujeres-.

Cuando se siente descubierto lo único que desea es huir y poner tierra de por medio, olvidándose la hidalguía, la prosapia y el orgullo por el camino, porque es difícil, por no decir imposible, guardar el tipo y la honra mientras se corre a toda pastilla y cagándose en los pantalones. Es decir, nuestro aspirante a caballero en esas ocasiones demuestra lo que en verdad es: un perfecto gilipollas y un necio impresentable, pero no sordo, porque cuando emprende su huida aún tiene tiempo de oir las carcajadas de sus "inferiores", embromados o no, que, con gesto de burla, le gritan a coro: "¡maricón el último!".


Ana Alejandre
© copyright 2006. Todos los derechos reservados

Anecdotario - Bromas y bromistas escaldados



En relación con los aficionados a las bromas y a dejar a los demás en ridículo, casi siempre públicamente, a continuación se exponen varias anécdotas sobre aquellos que se creen gracioso, sin serlo, y ocurrentes o divertidos, siendo únicamente unos inoportunos mentecatos y que terminan recibiendo la misma broma en público, pero hecha con más talento:

En cierta ocasión el rey español Felipe IV (1605-1665) le pidió al escritor Francico de Quevedo (1580-1645)que le improvisara una cuarteta.
-Dadme pie, señor -le dijo Quevedo.
El rey, creyendo hacer una gracia, le alargó una pierna; pero el escritor que tenía fama de respuestas rápidas e ingeniosas, en vez de darse por ofendido, improvisó la cuarteta que el monarca le había pedido de la siguiente forma:
En semejante postura,
dais a comprender, señor
que yo soy el herrador
y vos, la cabalgadura.



El rey de Prusia, Federico II el Grande (1712-1786) admiraba al escritor francés Voltaire (1694-1778) y por ello, le hacía blanco de sus bromas hirientes. En cierta ocasión en que el rey había invitado al filósofo a cenar, dejó sobre su plato un tarjeta que decía:"Voltaire es el primero de los asnos. Federico II".
Voltaire, al encontrar la nota, respondió a la broma con otra, simplemente leyéndola de forma ingeniosa y punzante :"Voltaire es el primero de los asnos. Federico, el segundo".


Cierto día se encontraron en la calle el poeta ingles, Lord Byron (1788-1824) y la condesa de Devonshire, también escritora. Ella saludó al poeta, de forma un tanto inconveniente, al preguntarle, sabiendo que era cojo:
-¿Cómo andais hoy, milord?
-Señora, ando como véis vos, muy mal -respondio con sorna el escritor a la aristócrata que era bizca, a su vez.



El escritor y poeta inglés, Charles Lamb (1775-1834) era un hombre de notable cultura que se le apreciaba por la gran facilidad que tenía para conferenciar sobre diversos temas, por complicados que fueran, pero siempre conseguía hacerlos amenos para la audiencia, aunque sin renunciar a utilizar, cuando hiciere falta, las burlas y sarcasmos pertinentes. Un día que iba a comenzar una de sus conferencia y antes de empezar se entretenía ordenando los folios escritos para tal fin, alguien, desde el fondo del auditorio, comenzó a silbar de forma estridente e impaciente. Dicha insolencia, ante el silencio del resto de los asistentes, se ponía más en evidencia y Lamb, sin aparentar inmutarse, se dirigió hacia el borde del estrado en el que estaba y dirigiéndose a los asistentes dijo con calma:
- Tan sólo silban los gansos, las serpientes y los tontos... Que se levante el silbador para que podamos identificarlo.



El político español Gil Robles (1898-1980) mientras pronunciaba un discurso en el Congreso, en 1934, protagonizó la siguiente anécdota cuando, desde lo más alto del hemiciclo, alguien le grito con sorna:
- ¡Su Señoría es de los que todavía llevan calzoncillos de seda!
Una vez que callaron las risas y la chufla generalizada, Gil Robles, sin perder la compostura, replicó:
- No sabía que la esposa de Su Señoría fuera tan indiscreta -lo que volvió a despertar la hilaridad de todos y el sofocón del burlador burlado.


Ana Alejandre

Otros vínculos de Ana Alejandre

A continuación, se relacionan otros enlaces a webs y blogs de Ana Alejandre, con una breve referencia a su contenido y periodicidad de actualización:


http://www.anaalejandre.com (mensual)
(Web dedicada a la literatura, en general, y con textos varios de su autora)

http://www.ana-alejandre-avuelapluma.blogspot.com ( quincenal )
(Literatura de escritores hispanohablantes y textos propios)

http://www.abecedarioalejandrino.blogspot.com (quincenal )
(Comentarios sobre política, exculsivamente)

http://www.alejandralia.blogspot.com (Bimensual)
(Monográficos sobre aficiones: cine, música, pintura, fotografía, viajes, etc.)

http://www.internalia.blogspot.com (Bimensual)
(Monográficos sobre escritores no hispanohablantes)

http://www.anaalejandre.blogspot.com (quincenal)
(Próxima actualización 22 de octubre
(Crónicas, comentarios, críticas y plácemes sobre la actualidad no política)

http://www.epistolarium.blogspot.com ( Actualización quincenal )
(Cartas abiertas a personajes públicos, instituciones y personas anónimas peotagonistas de la actualidad).

14 octubre 2006

Próxima actualización de A vuelapluma: 20 de octubre.

03 octubre 2006

Al filo de los días - "Y yo, más"


Yo también tengo ruinas
Ya no sé a quién o a quiénes

Busco entre los escombros.

Mario Benedetti
De "Ruinas", Preguntas al azar (1986)



En esta tierra nuestra llamada España prolifera un tipo de personas a las que se les puede llamar don/doña "Y yo, más", (valga de aquí en adelante para ambos sexos); es decir son quienes, en una competición continua e incansable con sus propios fantasmas interiores, siempre intentan demostrar que de todo aquello que se hable o trate, ellos siempre son, tienen o hacen más que los demás.


España ha sido siempre una tierra de grandes contrastes, no sólo en las diversas tierras que la conforman y en sus gentes que la habitan, sino que el contraste también viene dado porque existen dos tipos de personalidades muy definidas y de las que ya habló Cervantes, encarnándolas en su Don Quijote y Sancho Panza, dos prototipos en los que se muestran la exaltación del idealismo, uno, y de la más absoluta y burda ausencia del mismo, el otro, lo que produce un gran sentido práctico y material, dando pie ambas al "quijotismo", una y al "pancismo", otra, dos formas distintas de concebir el mundo y de la propia actitud existencial.

Por ello, en esta tierra de grandezas y gestas heroicas se encuentra también el polo opuesto, representado por la más absoluta de las vilezas, porque no existe en el carácter nacional la medianía y los españoles somos proclives a decantarnos por uno u otro polo, en esa tendencia al extremismo que tanto nos define.


Todo lo anterior sirva como introducción al tema de don "Y yo, más" del que trata este comentario. En honor a ese apodo que define dicha característica, el sujeto que la ostenta, tan frecuente en nuestra sociedad, define perfectamente la actitud depredadora y obstruccionista del envidioso, esa característica definitoria del carácter del español medio, al igual que la tacañería lo es para los franceses y la soberbia para los ingleses, entre otros.


Por eso, el mencionado don "Y yo, más", puede llegar hasta los extremos más ridículos para demostrar siempre que, en todo y de todo, dicho sujeto es, o tiene, más que su interlocutor, preferiblemente o, al menos, igual, aunque muchas veces sea sólo de palabra, en el hacer o en el tener, y nunca lo refrende con hechos. Así que el mencionado individuo, si alguien le comenta que se ha comprado un piso, a su vez dirá que se ha comprado, o lo va a hacer, un chalet de tropecientos metros cuadrados, aunque su valor sea menor que del piso más pequeño en extensión, pero más costoso en su construcción, aunque para eso se tenga que ir "Y yo, más" a vivir a Villatempujo Cuestabajo, además de que, para sus adentros esté pensando cómo demonios va a conseguir pagar la hipoteca. Si otro interlocutor comenta, de vuelta de vacaciones en la Patagonia, lo bien que lo ha pasado, nuestro ínclito don " Y yo, más" asegura que ha realizado ya ese viaje, aunque sólo sea en sueños, o lo va a emprender inmediatamente y, además, añade que va a recorrer todo América del Sur, a pesar de que no piense salir de Albacete, por poner un ejemplo. Por supuesto, tiene más de todo que los demás, empezando por los derechos a ser reconocido siempre como superior, aunque no se sepa bien en qué lo es, pero exige ese trato deferencial en sus relaciones con los otros que lo padecen (el trato).


Estos casos, conocidos y padecidos por muchos, puede llegar hasta el esperpento, y todos conocemos algunos con nombres y apellidos, en el que no sólo se presume de lo positivo, sino hasta de lo negativo, con tal de ser más que nadie, como pueden ser las enfermedades, pues si alguien, por ejemplo, se queja delante de don "Y yo, más" de que tiene molestias gástricas producidas por una úlcera de estómago, le quita importancia, afirmando que eso no es nada y que con dieta y unas pastillas adecuadas se soluciona el problemas, excepto cuando la úlcera la padece "Y yo, más", porque entonces es un problema muy grave que provoca molestias insoportables.

Igualmente, en el colmo del absurdo, la persona afectada por este síndrome del "maximalismo" y aún a costa de "quedarse tuerto para que otro se quede ciego" no para en barras para fastidiar la fiesta, la celebración, la casa nueva, el coche, el nuevo trabajo, la pareja, etc. y cualquier motivo de sana y justa alegría que tenga alguien a su alrededor y en la que participe, quizás porque la única alegría que pueden experimentar semejante espécimen es la de fastidiar a los demás. Si está invitado a una fiesta, recibiendo toda clase de agasajos, amabilidades y atenciones, pondrá pegas al menú exquisito que le han servido con comentarios tipo "¡pero esto qué es?", con cara de desagrado ante el suculento plato de marisco, lubina en salsa o el más exquito entrecot y empezará a presumir del plato aquel que comió en determinada ocasión en su propia casa, para así desmerecer y fastidiar al anfitrión quien duda si ponerlo de patitas en la calle o, simplemente, ignorar semejante salida de tono para evitar estropear más aún la velada como lo ha hecho ya el energúmeno correspondiente que le ha tocado de invitado. Además de poner pegas al menú, al frío o calor, al asiento y un largo etcétera, si ve que con ello no consigue bajar el ánimo a su anfitrión y aguarle la fiesta, que es de lo que se trata, le quemará la mantelería, o manchará la tapicería del sofá adrede, y quitándole importancia cuando "descubre" la mancha, para dejar así el recuerdo imborrable en la casa y en la memoria de los anfitriones que, seguro, se arrepentirán siempre de haberlo sido de semejante impresentable y de la recua que le acompaña, en esa velada que empezó con la alegría propia de una reunión festiva, aderezada con la generosa hospitalidad de la que carecen los muchos "Y yo, más" que pululan por esta sociedad nuestra, en la que van derramando su inquina, su envidia y su frustración por dondequiera que pasan.

No es de extrañar que las escasas amistades, o relaciones familiares, que algún día tuvieron, vayan desapareciendo, paulatina e irreversiblemente, hartas de aguantar los exabruptos, las comparaciones, la prepotencia, la vanidad y, sobre todo, la mala leche del/la fantasmón/a que es siempre todo "Y yo, más", en la que siempre colea la envidia y la más absoluta de las frustraciones. Como tienen un sentido utilitarista de las relaciones, estos individuos no quieren tener amigos, porque no pueden tratar nunca a un ser humano como a un semejante y perder la prepotencia de todo imbécil, sino que buscan esclavos que estén siempre dispuestos a aceptar en dicha relación amo-siervo la evidencia de esa conocida frase de: "Trátame como a un igual, pero sin olvidar que soy un superior", por lo que les gusta que los demás hagan antesala, telefónica o presencial, antes de dignarse hablar con ellos o a recibirlos, al igual que los aleccionan de cuándo a qué hora, qué día y de qué forma tienen que llamar, visitar o simplemente darles los buenos días. Los demás son los obligados a llamar, invitar, interesarse por su salud, escribir cartas, felicitaciones y demás elementos de comunicación humanas, pero sin que eso suponga obligación de que los "Y yo, más", tengan que responder a tales demostraciones de afecto, amistad o simple cortesía, a no ser que convenga mantener la relación para cuando hagan falta, por eso del utilitarismo del que hacen gala. Por ello suelen confundir a los amigos con los enemigos, en esa especie de nebulosa mental en la que se encuentran, por lo que consiguen siempre que los enemigos lo sean aún más y los amigos se conviertan, al menos, en neutrales, cuando no en indiferentes y poniendo todo el espacio que puedan entre ellos. Naturalmente, aplican en su vida de relaciones, aunque sean ficticias por su incapacidad para comenzar y mantener relaciones auténticas, el dicho de "si no puedes tener amigos, cómpralos", de lo que alardean en ocasiones. Son analfabetos emocionales y cuando uno de esos individuos se une a otro en amistad, pareja, o sociedad, la combinación es mortífera para ellos mismos y para los que padecen su presencia. Se alientan mutuamente a cometer mayores villanías, en forma de actos de desconsideración, faltas de respeto, burlas, tomaduras de pelo, cuando no de explotación de la generosidad, el afecto, la amistad o el cariño familiar de quien, por conocerlos, saben que la mejor forma de tratarlos es ignorar sus flechas envenenadas, aunque sólo sea para preservar unos lazos familiares o de afecto que los "Y yo, más" no merecen, aunque esos mismos individuos olvidan que los escasos familiares, amigos, compañeros, etc., que aún mantienen, no les tratan bien y afectivamente por merecimientos propios de los mencionados "Y yo, más", sino por la propia generosidad tolerante de los otros. Pero hasta esos pocos vínculos llegan a perder, en una demostración imbécil de que ni saben cómo son ni la imagen que dan de sí mismos ni, menos aún, llegan a conocer a los demás, confundiendo al ser generoso con ser "primo", en relación con los otros y, por su parte, no comprenden, los "maximalistas" de turno, que su superioridad supuesta es, simplemente, la manifestación de un complejo de inferioridad que no han sabido asumir y, especialmente, de una envidia que no pueden disimular.

Lo peor de todo, es que les enseñan a sus hijos la misma forma neurótica de ir por la vida, mintiendo, utilizando a los demás para sus fines y haciendo chanchullos desde la más tierna infancia, cuando les enseñaban a hacer trampas al parchís "porque lo que importa es ganar", y también a aprovecharse de la generosidad ajena sin hacer preguntas. Si el hijo comete una o muchas faltas se le da la razón en todo momento y si el profesor "les ha cogido manía" y no le aprueba, se le da el mamporrazo al profesor, como demuestran tantas noticias que se producen continuamente de estos hechos, en vez de darle la amonestación, o la bofetada, necesaria al infante que, el pobre, va camino, si no lo es ya, de ser otro depredador humano en busca de víctimas a las que hincarles el diente.

En las tertulias televisivas del corazón, escaparate social que muestra públicamente las grandezas y miserias del ser humano en todo su apogeo, se ve perfectamente retratado, entre otros, a este espécimen de gilipollas. Son aquellos que hablan sólo de supuestas amistades, inexistentes en la realidad, con poderosos, millonarios, famosos y demás personajes que dan lustre con su sola mención. Naturalmente, a los verdaderos amigos, no por ser amistades sinceras sino por reales, esos de toda la vida, del barrio, del colegio, del taller o del prostíbulo, ni los nombran. Presumen de tener un coche de marcas famosas y factura millonaria, pero obviando que es un coche alquilado para "epatar", o que se lo ha regalado el amante, masculino o femenino, de turno y a cambio de sus favores sexuales, o producto del tráfico de estupefacientes.o de la trata de blanca o, en el mejor de los casos, que tienen que prescindir de comer para pagar las letras, si no les han embargado el autómovil antes por impago de las mismas, lo que es muy frecuente en esta tipología de fantasmones.

Famosa es la anécdota de una contertulia televisiva, con cara simiesca, gafas de culo de vaso, bolso cruzado en bandolera, en plan cateto, y en plena decrepitud de su fealdad, que aconsejaba a una señora elegante que tiene fama de tal y de la que había disfrutado la consejera en muchas ocasiones de su generosa hospitalidad "que se vistiera de acuerdo a su edad", sin especificar si la edad a la que se refería la consejera mamarracho y viscosa de envidia era la de la criticada, que aparenta muchos menos de los que tiene, la de la consejera que parece ser su propia madre, de ella misma no de la elegante, o de la edad que tiene la envidia de la hortera que es tan vieja como la Humanidad. Éste es un ejemplo de "Y yo, más", porque en este caso la superioridad de la cateta adefesio, según sus propias palabras, se manifestaba en el consejo sobre la adecuación de la vestimenta a quien podría darle lecciones de buen gusto, elegancia y saber estar y, precisamente, por eso nunca se atrevió a aconsejar a quien, de verdad, le hacía falta una puesta a punto en discreción, respeto y elegancia, por no decir en una clínica de estética para darle un repaso a su maltrecho físico y su decrepitud. Esta variante es la más negativa de "Y yo, más" por ser siempre los más reincidentes en sus ataques verbales contra aquellos que envidian, pero demostrando siempre la propia incapacidad mental para ocultar las bilis que le producen los éxitos, alegrías o simple armonía en las vidas ajenas de las que han carecido siempre. No disfrutan, estos aficionados a sátrapas, con lo que hacen, ni desean nada que no sea como reflejo condicionado de lo que han visto hacer, proyectar, crear o disfrutar a otros. Al no tener personalidad, sólo imitan, pero siempre "a posteriori", lo que han visto hacer a los demás.

Sobre este tema, hay anécdotas como la del pescador que le regalaba al vecino parte de sus presas y, con sorpresa, ve un día como el mencionado vecino le muestra las flamantes cañas de pescar que había adquirido que, casualmente, eran de la misma marca que las del pescador experto y quien, sorprendido, le dice:"¡Caramba! No sabía que te gustara la pesca porque nunca me lo habías comentado. Si quieres podemos quedar un día para ir a pescar juntos". El interpelado le respondió: "No, si yo podría ir a pescar, pero prefiero dejárselo a otros. Solamente te quería enseñar las cañas que he comprado y que son iguales a las tuyas" El pescador se dió cuenta de que, en vez de un vecino compañero de aficiones y gustos, tenía sólo a un imbécil que padecía del síndrome de "Y yo, más".

César González Ruano, el gran maestro de periodistas, contaba con buen humor y demostrando ser un buen conocedor de la envidia como pecado capital, la treta a la que recurría para evitar que, cuando le daban algún premio, homenaje o tenía uno de sus muchos éxitos, sus amigos-enemigos, -los próximos son siempre los más peligrosos-, le dedicaran esos dardos envenenados propios de los frustrados y para ello, en esas ocasiones de éxito, siempre se inventaba alguna enfermedad que procuraba propalar entre sus conocidos, sabiendo que así los envidiosos a ultranza dirían eso de: "¡Pobre, le han dado un premio, pero se está muriendo!" –siempre se aumenta todo lo negativo en los envidiados- y con eso conseguía meses de paz y sosiego y, naturalmente, seguía viviendo en perfecto estado de salud y de tranquilidad de ánimo.

Precisamente, esos denominados "Y yo, más", recurren a esa misma treta pero con intenciones diferentes: si González Ruano lo hacía como escudo protector contra la envidia y para que le dejaran tranquilo; sin embargo, los afectados por el "maximalismo" lo hacen en sentido contrario y para conseguir llamar la atención, ser el centro del universo y obtener los mimos y cuidados que se deparan a cualquier enfermo, además de someter a sus caprichos a quienes les rodean, en una continuada y estratégica mentira que esclaviza a propios y extraños, si éstos tienen la mala suerte de caer en las redes de esos enfermos imaginarios o, si lo están realmente, que exageran sus males para conseguir atenciones y bienes a cambio. Esos son los mismos que, acostumbrados a mentir, sienten una total indiferencia ante el dolor ajeno, el sufrimiento real de unas vidas dolientes y acusan de ser fingidores, histéricos, neuróticos y semejantes lindezas a quienes sufren enfermedades o males reales, porque no puede sentir comprensión ante el dolor ajeno quien sólo se tiene a sí mismo como referente y centro de su pequeño y asfixiante mundo egoísta y calculador, basado en el fingimiento y la mentira. Por ello, esta tipología de sujetos son los que abandonan a sus mayores en las residencias geriátricas y, naturalmente, afirman que lo hacen por el bien de los padres abandonados, sobre todo, si saben que no van a poder cobrar una herencia, bien porque ésta sea inexistente o porque hay otros herederos con quienes compartir. Si alguno de ellos se han dedicado a cuidar al pobre anciano, causante de la herencia, ya se encargarán los "Y yo, más" para acusar a los hijos que han atendido sus obligaciones filiales, peor o mejor pero lo han hecho, de que han "descuidado", "abandonado", o incluso, "matado" de disgustos, mala alimentación o falta de cuidados al padre o madre muerto, en una trasposición de papeles propia de la psicopatología de manual. y para quedar por encima, una vez más, del otro y, además, acallar su propia conciencia, si es que la tienen, proyectando su propia culpabilidad.

Por todo esto, son especialistas en cargarse todas las relaciones, propias y ajenas, y nunca admiten culpabilidad alguna, acusando siempre a los demás de ser los culpables de los conflictos que ellos generan y, especialmente, acusan a quienes los conocen demasiado bien y descubren sus argucias y sus mentiras, además de no dejarse manipular y no querer rendirles pleitesía.

Para terminar y al hilo de lo aquí expuesto, Arturo Pérez-Reverte cuenta en uno de sus artículos periodísticos una anécdota sucedida con el tipo de personas de las que hablo, o sea los fantasmones de "Y yo, más". Le sucedió con un conocido que tenía esas características psicológicas y que siempre le estaba diciendo a Pérez-Reverte que le iba invitar a cenar al mejor restaurante de la ciudad, con sus respectivas acompañantes, invitación que, después de tanta insistencia, el escritor aceptó. Llegaron al restaurante más lujoso de la localidad los cuatro y empezaron a cenar en un ambiente distendido.y cuando llegó el momento de presentarles la factura, el anfitrión, al ver la cantidad a la que ascendía la cuenta, se puso lívido y empezó a farfullar, mascullando: "Bueno, ejem, yo creo que será mejor que paguemos todos a escote". Pérez-Reverte cogió la factura y dijo: "No, hombre, no te preocupes, invito yo. No vamos a dejar que paguen las señoras". El fantasmón dijo, para salvar la honra que nunca tuvo,:"Bueno, la próxima vez invito yo en el mismo restaurante, ¡faltaría más!" . El escritor sonrió levemente, afirmando con la cabeza, mientras pensaba lo que no se atrevió a decir por respeto a las señoras: "No habrá próxima vez, capullo. La próxima, vas a cenar con tu puñetera madre".


Ana Alejandre


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Cuentíssimos - El pequeño sátrapa





Se sentía satisfecho dentro de esa burbuja acolchada en la que resonaban las pisadas en el vacío poblado sólo de fantasmas. Se había acostumbrado al silencio que le rodeaba en el que sólo se oía el tictac del reloj que, inexorable, marcaba las horas, los minutos y los segundos, en una monótona sucesión de momentos que quedaban prendidos en el aire como mariposas clavadas por el alfiler de su mirada que se extendía a través de la ventana y que abarcaba el pequeño territorio en el que reinaba sin que nada osara romper la muralla protectora que lo salvaguardaba. Nadie le contradecía, ni osaba mostrar la más mínima resistencia a sus órdenes, a sus mandatos ni a sus exigencias. Sólo sus dos consejeros, maléficos en sus propósitos, le aconsejaban que extremaran el rigor, la exigencia de tributos a sus súbditos y la implacable persecución de sus enemigos. No había clemencia para ningún condenado por la ley inapelable de sus feroces designios. Estaba acostumbrado a ello, porque tampoco había oído las súplicas del viejo rey que le había pedido infinidad de veces que lo visitara en su destierro, pero de eso ya hacía muchos años.

Se volvió despacio con una sonrisa de triunfo porque sabía que su venganza había sido cumplida, aunque algunas veces no recordaba bien cuál había sido el ultraje que le habían hecho los que llamaban a las puertas de palacio sin obtener respuesta; pero eso daba igual porque eran sus rivales. Ellos querían conseguir los acuerdos necesarios y resolver los problemas planteados en el reparto de los territorios conquistados a los que sólo él, y sus descendientes directos tenían derecho. Habían sido muchos años de esfuerzos, de soportar intrigas, confabulaciones y ahora querían despojarlo de lo que era suyo. Ni siquiera escuchaba al único amigo leal que siempre había permanecido a su lado, a pesar de haber sido postergado por creerle también un traidor, o eso le habían hecho creer sus intrigantes consejeros. Muchas veces dudó si era a ellos a los que debía desterrar, pero no lo hizo porque sabía que eran menos peligrosos como amigos aparentes que como enemigos ciertos y tenían demasiadas alianzas con sus propios enemigos.

Se acercó a la ventana y apoyó la cabeza sobre el frío cristal mientras observaba un jilguero que saltaba de un lado a otro y recordó, de pronto, su infancia y el niño que un día fue. Notó una punzada de dolor en una zona profunda e íntima. Cerró los ojos, mientras sentía que una lágrima le resbalaba por las mejillas. Cuando los abrió, el pájaro había desaparecido y, al volverse hacia el interior, se dio cuenta, por primera vez, que el silencio que le rodeaba le anunciaba que, al fin, se había quedado completamente solo.


Ana Alejandre

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Breviario - Retazos de Mario Benedetti


La voz poética de Mario Benedetti no necesita presentación alguna. En estos cortos fragmentos de sus versos se esconde la sabiduría y la lucidez extrema de un poeta ante la realidad de un mundo, íntimo y personal, que traspasa las fronteras queriéndose acercar al otro a través de la belleza sonora de las palabras.


hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

Mario Beneddetti
De "Táctica y estrategia". Poemas de otros (1973-1974)



¿Le pregunto al azar
acaso porque sé
que el azar no responde?


Mario Benedetti
De "Preguntas al azar 4" Preguntas al azar (1986)



Eras sí pero ahora
suenas un poco a mí.
eras sí pero ahora
vengo un poco de ti.


Mario Benedetti
De "Asunción de tí", Sólo mientras tanto (1948-1950)



Cada vez más nosotros
Y menos el azar.


Mario Benedetti
De "Lento pero viene" Preguntas al azar (1986)



Quiero decir que estás abrazando mi madurez
Esta mezcla de estupor y experiencia
Este extraño confín de angustia y nieve.

Mario Benedetti
De "Mucho más grave" Poema de otro (1973-1974)


Lento pero viene
el futuro se acerca
despacio
pero viene

Mario Benedetti
"De "Lento pero viene". Preguntas a azar (1986)

Comentarios de una lectora - El árbol de los cuentos


El árbol de los cuentos, de Luís Mateo Díez, Alfaguara


Esta colección de 103 relatos, reunidos en siete apartados distintos, están escritos y publicados desde 1973 hasta 2004, lo que pone de manifiesto. no sólo la creatividad prolífica de este escritor, clásico entre los contemporáneos, sino que muestra la diversidad de temas, técnicas y estilos entre los que se mueve este creador que considera a estos cuentos, publicados y diseminados entre varias colecciones y escritos en diferentes años, como ramas de un árbol al que intenta podar e injertar entre sí en una unión enriquecedora que da el resultado final de un frondoso árbol de cuentos, en el que cada una de las historias que lo conforman son como las ramas de ese árbol al que alude su título que cobijan en su acogedora sombra a todo aquel que se acerca par oir el rumor de las voces que en ellas anidan.
Según manifiesta el propio Mateo Díez, le ha resultado difícil poder reunir y afinar en la melodía final, distinta y distante en el tiempo en el que fueron creados, tantos relatos y variados en el talante con el que fueron escritos, pero el resultado es como un mosaico en el que este autor, de escritura rica en matices y en sonoridad poética, crea y recrea una colección de historias ensambladas como las teselas de un mosaico en el que cada una de ellas es independiente entre sí, pero el sentido final y completo lo confiere el conjunto que forman unidas, creando una rica imagen policromada. Así sucede en el mundo literario creado por este escritor en el que resuenan las voces de sus personajes que hablan un rico y perfecto castellano en el que los matices del lugar, de la rica comarca leonesa, pródiga en tradiciones y cultura popular, va creando una polifonía de voces de todos y cada unos de sus personajes que tienen en común, a pesar de pertenecer a diferentes relatos, el nexo que los ata en una rica y variada conjunción de personajes e historias; pero que crean el eco sugerente de una sinfonía en la que todos los instrumentos están afinados y dando su propio y peculiar sonido que se entremezcla con el de los demás instrumentos-hisorias que sirven para dotar al conjunto de una rica armonía que le hace ser un libro fácil de leer, pero difícil de olvidar-No, no abundan mucho los escritores que saben aunar la perfección estilística y la creatividad, rica y peculiar en su original mundo literario personal, con la sabia utilización del lenguaje castellano con raíces y resonancias de antaño, unidas a la belleza deslumbrante y la sonoridad poética de su prosa.
Este libro es recomendable para quienes, de verdad, quieren leer a un escritor que sabe aunar la más absoluta modernidad en la técnica narrativa y el uso del lenguaje en el que deslumbra su riqueza expresiva, dando como resultado una colección de historias que subyugan desde el primer momento.
Es un libro, pues, para leer y para recomendar su lectura.
Ana Alejandre

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Actualización inmediata


´Dentro de pocas horas será actualizada A vuelapluma, con ligero retraso a la fecha anunciada, con el siguiente contenido::


Al filo de los días: "Y yo, más". (Comentarios y reflexiones sobre temas generales)

Breviario. Textos breves de índole diversa.

Cuentíssimos: Un nuevo relato brevísimo.

Comentarios de una lectora: Una obra literaria comentada.

Noticias literarias: las últimas noticias sobre libros y autores.


Ultímo blog actualizado a la2 23 horas del 3/10/06

http://www.anaalejandre.blogspot.com (comentarios de actualidad de diversa índole con respecto a las últimas noticias generales)