Camilo José de Cela

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28 septiembre 2016

Juan José Millás.

Juan José Millas
AnaAlejandre                                                               

Juan Jose Millás nació en Valencia en 1946, pero su familia se trasladó a Madrid en 1952. Estudió en el colegio Claret y cursó sus estudios preuniversitarios en el instituto Ramiro de Maeztu. Comenzó la carrera de Filosofía y Letras, en la rama de Filosofía Pura, en la década de los sesenta; estudios que nunca terminó pues los abandonó en el tercer curso. Posteriormente, trabajó en diversas ocupaciones como son la de marionetista, profesor, empleado interino en la banca y en el gabinete de prensa de Iberia.

Sus principios literarios fueron en 1974, año en que publica su primera novela, "Cerbero son las sombras", con la que obtuvo el Premio Sésamo.

Reconoce la influencia que en su escritura tienen diversos autores como Dostoievski y Kafka, entre otros, en sus inicios, y esa puede ser la causa de que en su obra aparecen y están protagonizadas por seres corrientes y anodinos que, sin embargo, se ven envueltos en situaciones extraordinarias y, en ocasiones, terribles, pero todas ellas con el denominador común de rozar con lo desconocido y el misterio : desapariciones, mundos paralelos, terribles crisis de identidad y angustia que los llevan a la locura, la depresión, el crimen, la muerte o a cualquier otra situación extrema.

Colabora en el periódico "El País" desde la década de los noventa y en otros medios de comunicación. En la actualidad es difícil separar ambas actividades: la de escritor y periodista, ya que en las dos es reconocido por la crítica y el público tanto dentro como fuera de las fronteras españolas. También se le puede reconocer el mérito de ser el creador de los llamados “articuentos”, que es una especie híbrida entre el artículo de prensa y el cuento o relato, los cuales son publicados en los periódicos y en los que predominan aquellos temas actuales de los que se hace una reflexión sobre un aspecto de la conducta humana que afecta a todos y tienen un cierto paralelismo con los llamados microrelatos, las fábulas y, en algunos casos, los relatos de ciencia-ficción. Uno de los objetivos de los “articuentos” es realizar una especie de negativo de la realidad que plasma, mostrando el contraste entre lo verdadero de la esencia y lo falso de la apariencia. Para ello utiliza el humor, la ironía, la paradoja y esa visión lúcidamente desencantada de una sociedad engañosa en la que nada es como parece, a la que la atenta y lúcida mirada de Millás sabe encontrar la tara que demuestra su falsía.

En toda su obra, Juan José Millás nos muestra una búsqueda constante de las diferentes formas de mostrar al lector, y de separar ante su atenta mirada, lo que es verdadero de lo falso, utilizando para ello la estrategia estilística de mostrar al final, como el ilusionista aventajado, el truco que parece esconder la parcela de la realidad de la que trata, para demostrar, después, que no era tal, sino un simple engaño de los sentidos de quien mira y ve sólo las apariencias. Ha recibido innumerables y prestigiosos premios que lo revalidan como un autor destacado dentro del panorama literario nacional.

Sus obras han sido publicadas en varios países y traducidas a quince idiomas, entre ellos, inglés, francés, alemán, portugués, italiano, sueco, danés, noruego y holandés. 
Juan José Millas
BIBLIOGRAFÍA DE JUAN JOSÉ MILLÁS:

Novela:
Cerbero son las sombras (1975)
Visión del ahogado (1977)
El jardín vacío (1981)
Papel mojado (1983)
Letra muerta (1984)
El desorden de tu nombre (1987)
La soledad era esto (1990)
Volver a casa (1990)
Ella imagina (1994)
Tonto, muerto, bastardo e invisible (1995
Trilogía de la soledad (1996)
El orden alfabético (1998)
No mires debajo de la cama (1999)
Dos mujeres en Praga (2002)
La ciudad (2005)
Laura y Julio (2006)
El mundo (2007)
Lo que sé de los hombrecillos (2010)

Relato:
Primavera de luto y otros cuentos (1989)

Cuentos de adúlteros desorientados (2003)
Los objetos nos llaman (2008)

Periodismo:
Algo que te concierne (1995)
Cuerpo y prótesis (2000)
Articuentos (2001)
Números pares, impares e idiotas (2001)
Los sueños se cumplen (2002)
Hay algo que no es como me dicen (2004)
Todo son preguntas (2005)
María y Mercedes (2005)
El ojo de la cerradura (2006)
Sombras sobre sombras (2006)
Articuentos completos (2011)
Vidas al límite (2012)

PREMIOS

Premio Sésamo de Novela 1975
Premio Nadal 1990
Premio de Periodismo Mariano de Cavia 1999
Premio Periodística de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez 2000
Premio Primavera 2002
Premio Nacional de Periodismo "Miguel Delibes" 2002
Premio de Periodismo Francisco Cerecedo 2005
Premio Planeta 2007
Premio Nacional de Narrativa 2008
Premio Don Quijote de  2008

ENLACES


El mundo
Portada de la novela "El mundo"
Juan José Millás
Plante, 2007
238 págs.

La novela objeto de este comentario, El mundo, fue ganadora del Premio Planeta, edición de 2007,

Según relata el propio autor, en un determinado momento de su vida, los recuerdos emergieron de pronto con la fuerza de todo lo que tiene un significado vital y profundo y le obligaron a escribir este libro. Después, lo guardó en algún cajón de su escritorio, pero no de su memoria. Se preguntaba qué haría con ese texto y luchaba entre el conato de vergüenza que le despertaba publicar una obra en la que se mostraba impúdicamente sincero y auténtico y ofrecerla a la opinión de los lectores que era tanto como desnudarse en público. Decidió hacer lo segundo, presentó la obra al premio Planeta y fue premiado. Ahora los lectores tendrán que revalidar el premio conseguido con su aprobación a esta obra en la que Millás habla de sí mismo de su vida, de sus venturas y desventuras y de todo lo que conforma la existencia humana de un escritor que ha encontrado en la literatura su forma válida de expresión y el significado de su propia vida.

Juan José Millás confiesa en su libro El mundo: "Cuando escribo a mano, sobre un cuaderno, como ahora, creo que me parezco un poco a mi padre en el acto de probar el bisturí eléctrico, pues la escritura abre y cauteriza al mismo tiempo las heridas". Lo reitera de otra manera, diciendo en una reciente entrevista: "Cuanto mejor es la literatura, más hiere y más cura".

Parece ser que esta novela a modo de memorias noveladas, le ha proporcionado muchas satisfacciones, pero también le ha provocado cierta desazón o tristeza, porque estas memorias de infancia, en las que se entremezclan imágenes y anécdotas de su etapa de adulto, no le ofrecieron ninguna dificultad en su escritura, pero si muchos momentos de amarga aflicción al revivir momentos de sus primeros años en un populoso barrio de Madrid que, al vivirlas, no le ofrecieron demasiados momentos de alegría o felicidad, pero que, al recordar las vivencias de aquellos años y escribir sobre ellas, le ha otorgado una lúcida comprensión del hombre que ahora es y el camino que ha recorrido, con sus contradicciones, miserias y grandezas, hasta llegar a serlo y ése es, sin duda, el mejor premio que ha podido obtener al escribir este libro en el que reencuentra su propia vida y a sí mismo rescatados del olvido , en un momento de fulgor que alumbró su memoria y que iluminará sin duda, el futuro en el que ya conocerá mejor a quien habita en su interior y que es su propia identidad de hombre que busca respuestas


29 junio 2016

Juan Benet



Juan Benet


Juan Benet Goitia, novelista español (Madrid 7 de octubre de 1927 - 5 de enero de 1993), uno de los más importantes escritores de la segunda mitad del siglo XX en España y considerado, por algunos escritores entre los que se cuenta Javier Marías, como el más influyente de dicho período. Aunque se le conoce especialmente por su faceta de novelista, cultivó diversos géneros como son el drama, el ensayo y el cuento, aunque destaca, especialmente en la novela.

Aunque nacido en Madrid, vivió con su madre y dos hermanos mayores en San Sebastián, ciudad a la que se trasladaron por tener familiares en dicha ciudad, a raíz de que su padre, Tomás Benet Benet, abogado de profesión, fuera fusilado en la zona republicana a principios de la Guerra Civil, regresando a la capital en 1939.

Cursa estudios de Balchillerato en San Sebastián y, posteriormente los finaliza en Madrid, en el Colegio del Pilar, en 1944. Ingresa en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos en 1952, carrera que finaliza y ejerce. Anteriormente, en 1946, había empezado, regularmente, a asistir, entre otras .-asistía también a las tertulias de los cafés Gambrinus y Gijón-, a la tertulia de Pío Baroja, escritor al que admiraba profundamente, uno de los pocos autores españoles que le gustaban. A dicho escritor le dedicó unas páginas en su obra Otoño en Madrid hacia 1950. En ese año descubrió la obra de William Faulkner, escritor que le impresionó y fue el detonante de su vocación literaria, por la que comenzó a escribir.

Juan Benet viajó a París, en 1949, por haberse exiliado su hermano Paco en dicha ciudad, quien pertenecía a la Federación Universitaria Española y fue el creador de la revista Península, de cariz antifranquista, ya que era el principal organizador y ejecutor de la operación de fuga de Cuelgamuros de varios antifranquistas. En esa ocasión huyeron a Paris Manuel Lamana y Nicolás Sánchez Albornoz, hechos que inspiraron la película Los años bárbaros, de Fernando Colomo..

Hay un hecho insólito en la biografía de este escritor que define su temperamento e inquietudes múltiples o deseos de experimentar emociones nuevas , y fue el que realizó, en 1952, cuando actuó como banderillero de la cuadrilla del matador Rafael Ortega, en la plaza de toros de Calanda (Teruel), localidad en la que nació el genial director de cine Luís Buñuel.

Al año siguiente realizo prácticas de ingeniería en Finlandia, y publica su primera obra de teatro Max, obra en la que manifiesta un personal estilo literario ajeno a las corrientes literarias españolas de la época. 

En el mismo año que finaliza su carrera de Ingeniero, 1955, contrae matrimonio con Nuria Jordana, unión de la que nacerán cuatro hijos.

Su primer libro fue un volumen de relatos, desarrollados en ese escenario mítico, Región -similar al creado por Faulkner al que denominó Yoknapatawpha-, que fue el territorio narrativo de muchas otras obras posteriores de Benet, y supuso un alejamiento de la prosa realista que se escribía entonces en España. En dicho territorio imaginario se muestran de forma recurrente los temas que obsesionaban a Benet: el desencanto por las ilusiones marchitas, la desesperanza que de ello deviene, la decadencia fisica y moral que provoca el paso del tiempo, y la atmósfera narrativa, opresiva e inquietante, en muchas de sus obras, como una señal de identidad permanente.

Empieza a colaborar en las revistas más importantes de la época, como son Revista de Occidente, Cuadernos para el diálogo Cuadernos Hispanoamericanos y Triunfo. A través de Dionisio Ridruejo, con el que comienza una estrecha amistad, llega tomar contacto con los círculos antifranquistas de aquellos años. 

Publica Nunca llegarás a nada (1959). Años más tarde, atraido por el ensayo, publicó dos obras de dicho género tituladas: La inspiración y el estilo (1966) y Puerta de tierra (1969). De esa época es también su obra teatral Confitans (1969), única obra recuperada por el propio autor de una producción desconocida y publicada en la revista Cuadernos Hispanoamericanos.

Su primera novela nombra explícitamente a ese territorio literario creado por Benet, titulada Volverás a Región (1968), en la que se manifiesta de forma indudable el talento narrativo de este escritor. Le sigue Una meditación (1969),novela con la que obtuvo el Premio Biblioteca Breve del mismo año, que tiene la particularidad añadida de que está escrita en papel continuo, usando un artilugio de su invención para dicho fin. Esta obra se considera una de las más importantes publicadas desde 1939. 

En la década de los setenta, especialmente entre 1970 y 1973, aumenta vertiginosamente su producción literaria y publica los ensayos que se publican con el titulo Puerta de tierra; un volumen que recoge, menos una, todas sus obras de teatro; además de las novelas Una tumba (1971), Un viaje de invierno (1972), con las que finaliza un primer ciclo narrativo que demuestra que Benet era un gran escritor, dueño de un lenguaje personal, intenso, sugerente y de rica prosa. Después, publica La otra casa de Mazón, así como los libros de relatos Sub rosa y 5 Narraciones y 2 fábulas.

A raíz del fallecimiento de su esposa, en 1974, se produce una pausa en su producción literaria y, también, en sus relaciones personales porque su introversión se agudiza por la pérdida de su mujer. Dos años más tarde, publica Qué fue la guerra civil y visita como conferenciante los Estados Unidos. Además, publica dos nuevas obras que son, a medias, una mezcla de ensayo y narrativa tal como la entiende Benet: El ángel del señor abandona a Tobías y Del pozo y del Numa.

Sus siguientes publicaciones le acreditan como un escritor que posee ya una gran influencia entre los autores más recientes: En el estado (1977), Saúl ante Samuel (1980) y El aire de un crimen (1980). Herrumbrosas lanzas I, II y III (1983, 1984 y 1986) que tienen como escenario nuevamente a Región, habla de la Guerra Civil española y de las profundas heridas nunca cerradas que provocó en la memoria de los españoles. Este trágico tema bélico y sus terribles consecuencias es recurrente en el mundo narrativo de Benet, por el que sentía una fuerte e intensa atracción , quizás, influido por el asesinato de su padre, al principio de la Guerra Civil, hecho luctuoso que marcó a toda la familia. Los estudiosos de la obra benetiana la consideran como la obra más intensa y de mayor significado de las suyas y la que mayor resonancia e influencia tuvo en la literatura española de la época , cuyo eco llega hasta nuestros días

En su extensa obra literaria, se encuentran, entre otros, sus últimos títulos, las novelas En la penumbra (1989) y El caballero de Sajonia (1991), la colección de cuentos Trece fábulas y media (1981) y la obra ensayística La construcción de la torre de Babel (1990).

La obra literaria de Benet, en su conjunto, al igual que la de Rafael Sánchez Ferlosio y Luís Martín Santos, produjo la innovación experimental más rica en resultados de la narrativa española. Sin embargo, su estilo alambicado, denso, críptico y de múltiples significados, fue llamada por algunos "literatura incorrecta". Fueron los escritores Dionisio Ridruejo, y el matrimonio formado por Carmen Martín Gaite y Rafael Sánchez Ferlosio quienes alabaron entusiásticamente la obra de Benet, al que consideraban como uno de los grandes escritores de la narrativa española.

A lo largo de su vida literaria, Benet mostró su rechazo a la estética y retórica inherentes al realismo y naturalismo decimonónicos que caracterizan a Benito Pérez Galdós y cuestionaba la vigencia, en pleno siglo XX, de dicho realismo, aunque recibiera otros nombres. También, se opuso al llamado tremendismo y a los escritores de la España "negra", y defendía, al mismo tiempo, el estilo noble o grand style, frente a la retórica vacía de contenido del realismo.

Se advierte en toda su obra indudables influencias de escritores como William Faulkner, Henry James, Herman Melville, Franz Kafka, Samuel Beckett y algunos autores de la antigüedad clásica, en especial de los historiadores romanos, la bibliografía de la Guerra Civil española y toda la bibliografía bélica, en general, así como los textos bíblicos.

A pesar de los indudables méritos literarios de Benet, murió sin haber recibido ninguno de los grandes premios de las letras españolas. Sólo recibió dos: el Biblioteca Breve de 1969, ya aludido, y el Premio de la Crítica, en 1984, por el primer volumen de Herrumbrosas lanzas. Tampoco obtuvo un sillón de la Real Academia Española, a la que fue presentado sólo una vez, en 1983, pero ganó la candidatura de Elena Quiroga.

Está reconocido como uno de los grandes escritores españoles del siglo XX y su influencia se advierte en muchos escritores actuales, especialmente en Javier Marías, Felix de Azúa y Vicente Molina Foix.



BIBLIOGRAFÍA                                                  
Juan Benet
Novela:

Volverás a Región (1967) 
Una Meditación (1970) 
Una tumba (1971) 
Un viaje de invierno (1972) 
La otra casa de Mazón (1973) 
En el Estado (1977) 
Saúl ante Samuel (1980) 
El aire de un crimen (1980) 
Herrumbrosas lanzas I (1983) 
Herrumbrosas lanzas II (1985) 
Herrumbrosas lanzas III (1986) 
En la penumbra (1989) 
El caballero de Sajonia (1991) 

Relato:

Nunca llegarás a nada (1961) 
5 Narraciones y 2 fábulas (1972) 
Sub rosa (1973) 
Cuentos completos I y II (1977) 
Trece fábulas y media (1981) 

Ensayo:
La inspiración y el estilo (1966) 
Puerta de tierra (1970) 
El ángel del señor abandona a Tobías (1976) 
Qué fue la guerra civil (1976) 
En ciernes (1976) 
Del pozo y del Numa (1978) 
La moviola de Eurípides (1981) 
Sobre la incertidumbre (1982) 
Artículos I (1983) 
El agua en España (1986) 
Otoño en Madrid hacia 1950 (1987) 
Londres victoriano (1989) 
La construcción de la torre de Babel (1990) 

Teatro:
Max (1953) 
Anastas o el origen de la Constitución (1958) 
Agonía confutans (1966) 
Un caso de conciencia (1967) 
Teatro (1971) 

Libros póstumos:
Prosas civiles (1994) 
Páginas impares ( 1996) 
Cartografía personal (1997) 
Herrumbrosas lanzas (1998) 
Una biografía literaria (2007) 
Infidelidad del regreso (2007) 
Si yo fuera presidente. La hidráulica como solución a las necesidades hídricas (2009) 
PREMIOS
Biblioteca Breve (1969)
Premio de la Crítica (1983)

ENLACES

Artículo de Juan Benet

Un precedente

juan Benet
  
(El Pais, 30 AGO 1992)
                                                                                                           


La única referencia que hasta ahora he leído a la guerra civil española como precedente europeo de la crisis yugoslava procede del periodista americano George Will, del Washington Post. De manera un tanto sorprendente, la referencia contiene algunos comentarios satíricos que sin duda resultan chocantes en cualquier opinión sobre tan dramático acontecimiento. En parte como justificación del evidente retraimiento con que Europa y Estados Unidos consideran la intervención en Bosnia-Herzegovina para abortar la agresión serbia, Will reconoce que "el tiempo lo cura todo", tanto más cuanto considera que el nacionalismo catalán, que en su día fue uno de los combustibles más activos de la explosiva mezcla de 1936, se conforma hoy con manifestarse muy cívicamente a través de anuncios publicitarios en la prensa internacional bajo el eslogan Freedom for Catalonia. Tal vez, piensa Will, si en 1936 Europa hubiera volcado el contenido de sus arsenales en España, la guerra civil habría sido más larga y cruenta, pues no dejó de ser una fortuna (una injusta fortuna) que la Legión Cóndor y el CTV tuvieran que enfrentarse a Hemingway, Orwell et al. La hipótesis no puede ser más falaz y si no transpirara toda la hipocresía de las resoluciones internacionales amparadas con el manto protector de un breve de las Naciones Unidas, no merecería el menor comentario.En fecha tan avanzada de la guerra como el mes de marzo de 1938, con el derrumbamiento del frente republicano de Aragón tras la batalla de Teruel, un atribulado León Blum, consciente de los desastrosos resultados que había acarreado la política de no intervención, pensaba que todavía estaba a tiempo de despachar a través de los Pirineos catalanes un cuerpo motorizado francés para liquidar el conflicto en pocas semanas y salvar la república española. El éxito militar parecía fuera de toda duda para estos nuevos 100.000 hijos de San Luis de signo político tan opuesto -cabe decir simétrico- al de sus precursores. Cuenta Thomas que consultado el attaché militar francés en Barcelona, un coronel monárquico y derechista a mayor abundamiento, no pudo dejar pasar la oportunidad para largar su frase histórica: "Monsieur le président du Conseil, je n'ai qu'un mot a vous dire: un roi de France ferait la guerre". Pero la cautelosa voz de la diplomacia, con la vista puesta en las complicaciones de todo orden que podía traer consigo semejante intervención, no podía secundar tan patriótico consejo. Alexis Léger, el timorato secretario general del Quai d'Orsay (el mismo olímpico y bien peinado poeta St. John Perse, premio Nobel de Literatura gracias en parte a su desapasionada amistad con el secretario general de las Naciones Unidas, Dag Hammarskjöld), señaló sin titubeos que la intervención francesa sería considerada un casus belli por Roma y Berlín, en tanto Londres se apartaría decididamente de la política de Blum. La intervención, naturalmente, se frustró pero cabe añadir a la vista de los acontecimientos posteriores (no hay que olvidar que entonces no se había alcanzado el acuerdo de Múnich ni, por supuesto, se había firmado el pacto de no agresión germano-soviético) que si tal casubelli hubiera arrastrado a las potencias involucradas a sus últimas consecuencias, habría sido la menor de las desgracias para España, para Europa y para todos los pueblos envueltos luego en la II Guerra Mundial. Ciertamente, el alcance de visión no era lo que distinguía al poeta de la moderna Anábasis.

No resulta nada temerario afirmar, una vez más, que la pusilánime neutralidad dictada por el Comité de No Intervención en la guerra de España y la política deappeasement que culminaría en Múnich, fueron las credenciales que Hitler y Mussolini necesitaban para lanzarse a la guerra. La Europa de hoy no tiene que encararse a las amenazas de semejantes monstruos y sin embargo tampoco se decide a intervenir en Bosnia-Herzegovina por buen número de razones que, sin ser ninguna convincente, entre todas dibujan un paisaje lo bastante borroso como para paralizar la posible acción: una guerra en Bosnia-Herzegovina, contra el formidable ejército serbio, no sería breve ni incruenta; bien podría prolongarse en una interminable campaña de guerrillas de imprevisibles consecuencias, en un territorio abrupto y difícilmente dominable; no existe una estricta razón de justicia, pues todos los combatientes ejercen la violencia; las fronteras entre las partes en conflicto están entreveradas y los numerosos bandos se definen mediante tan numerosas variables -étnicas, religiosas, culturales, económicas, lingüísticas e ideológicas- que ningún experto puede determinar a priori cuál sería la agenda de una conferencia de paz; y, por último, pero no lo menor, está el prohibitivo coste de la operación, que nadie parece dispuesto a sufragar. En resumidas cuentas, y partiendo de una resolución de las Naciones Unidas poco menos que calcada de la que permitió la guerra del Golfo, cabe decir que lo único de peso es que Belgrado no cuenta en el precio del crudo y en Bosnia-Herzegovina no está en juego un solo barril de petróleo. Los intereses económicos de Europa no pasan por Sarajevo y todo quedaría en orden si se pudiera lavar la cara de la tan cacareada unidad europea con el empleo de unos cuantos cascos azules (en régimen de fregonas) y el envío periódico de ayuda humanitaria. Así que Europa, una Europa unida y no dividida entre fascistas y demócratas, respirará con alivio con cada nueva declaración de intenciones y con la noticia de la llegada de un convoy de víveres a una ciudad sitiada.

Para semejante viaje no se necesitan alforjas y menos el breve de las Naciones Unidas. Por supuesto que sobran las Naciones Unidas tanto como la Asociación para el Fomento de la Palabra Culta, pongo por caso. También la ayuda humanitaria llegó a Barcelona y Valencia y el conflicto español se resolvió como querían que se resolviese quienes lo iniciaron. Basta ese precedente para creer que -pese al bloqueo, las declaraciones conjuntas, las sanciones y la ayuda humanitaria- los serbios resolverán el conflicto de Bosnia-Herzegovina a su manera y con la ayuda del tiempo, si no hay intervención extranjera.
Luego el tiempo lo curará todo y tal vez un día un partido bosnio, sin excesivo rencor, se anuncie en un periódico de Nueva York para pedir respeto y reconocimiento a los caracteres nacionales de su tierra. Nunca me han gustado mucho esos grandes proverbios, como el que invoca Will, y siempre he pensado que son tan certeros como sus opuestos. También el tiempo lo enferma todo, es el primer agente de toda enfermedad. En la cuenta de Will sólo entra la guerra: sus costes, las posibles bajas de los marines, las muertes, daños y sufrimientos de la población civil, la carencia de un beneficio final que justifique el sacrificio, son factores que inducen a pensar que la intervención militar no es recomendable. Incluso deja entrever que superada la crisis actual, se restablecerá la salud por sí sola, como en Cataluña. En su balance no cuentan, por supuesto, los casi cuarenta años de posguerra que un país, aislado por un bloqueo implacable, tuvo que pagar con sus propios recursos por no haber sabido o podido atraer la inversión bélica extranjera. No cuenta la excomunión de decenas de millones de personas de los beneficios de la presunta comunidad europea. Tampoco cuenta, parece innecesario decirlo, la remisión de esa pretendida unidad a las calendas griegas. La comunidad europea con razón se apellida económica, no viendo amenazados sus intereses en Sarajevo no tiene por qué extenderse hasta allí.



17 abril 2016

El I centenario del nacimiento de Camilo José de Cela


Ana Alejandre                                                                          
Camilo José de Cela

            Hace cien años nació Camilo José Cela (Padrón, La Coruña; 11 de mayo de 1916-Madrid, 17 de enero de 2002) uno de los más importantes escritores de la literatura española del siglo XX, Premio Nobel de Literatura 1989, y autor prolífico como novelista, poeta, ensayista, dramaturgo, y periodista.
            Escritor controvertido entre los escritores y sectores "progresistas", por sus ideas conservadoras y su participación en la Guerra Civil en el bando nacional, además de su trabajo de censor en los primeros años del franquismo, por haber conseguido un puesto en el Cuerpo Policial de Investigación y Vigilancia del Ministerio de la Gobernación; pero siempre  supo conciliar su independencia creadora con la censura del Régimen, en una sabia simbiosis en la que pudo sobrevivir a los difíciles años de la posguerra. a los ataques recibidos por sus detractores, respondía dedicando sus libros con gran ironía " «a mis enemigos que tanto me han ayudado en mi carrera».
            Cela comenzó una etapa editorial al fundar la editorial Alfaguara, en 1964, en la que empezó a publicar algunas de sus obras y, anteriormente, cuando pasó a residir  a Palma de Mallorca, ciudad en la que vivió desde 1954 hasta 1989, creó la revista literaria "Papeles de Son Armadans" junto a José  Manuel Caballero Bonald, en 1956.
            Cela mantuvo siempre una gran rapidez en las respuestas aceradas y utilizaba con facilidad los exabruptos, lo que le hacía crearse muchas enemistades, cuestión esta que no parecía importarle demasiado. A eso se unía las mmuchas críticas vertidas sobre él, pues le acusaban muchos de sus detractores de "farsante" , ya que aducían que decía una cosa y hacía otra distinta. Lo que nadie pudo negarle nunca fue el talento narrativo y su genialidad creativa.
            A lo largo de su carrera literaria creó una obra original, extraordinaria en su variedad de estilo y géneros, calidad literaria y extraordinaria prosa, en la que se encuentran sabiamente mezclados el humor, el horror, la ternura soterrada, el más absoluto desenfado y el lenguaje escatológico. Todo ello ha creado su estilo peculiar al que se le llamó "tremendismo", sobre todo, al publicar su primera novela "La familia de Pascual Duarte".
            Esta obra antes aludida se encuentra entre las suyas más importantes. "La familia de Pascual Duarte" publicada en 1942, es una obra que se desarrolla en la Extremadura rural de antes y durante la Guerra Civil y en la que su protagonista va narrando a historia de su vida, en la que está presente la violencia más terrible como única vía de escape de los sinsabores de su vida marcada por el infortunio.
            Otra obra principal de Cela es "La colmena" que se publicó primero en Buenos Aires,  en 1951 , por estar prohibida por la censura en España, a causa de ciertas escenas eróticas, aunque fue publicada posteriormente por autorización expresa de Manuel Fraga Iribarne como Ministro del Interior. Esta  novela  narra la difícil vida de muchos personajes en la España de la posguerra, novela a la que el propio Cela definió como «esta crónica amarga de un tiempo amargo» de la que considera principal protagonista el "miedo". Con esta obra, muchos estudiosos consideran que Cela incluye en la novelística moderna a la literatura española. También, considerada por los críticos especializados como una de las más importantes novelas del segundo tercio del siglo XX
            A este título le siguen  "La cátira" (1955) primera de una serie de cinco o seis novelas cuyo título global sería "Historias de Venezuela" sobre  dicho país, de la que sólo publicó la primera ya citada, por encargo del dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez, y que causó tal revuelo que se abortó el proyecto de seguir publicando otros títulos de la misma serie. Le sigue "San Camilo 1936", publicada en 1969, "Cristo versus Arizona" (1994). También destacan en su obra libros de viajes como "Viaje a la Alcarria" (1948) o "Del Miño al Bidasoa. Notas de un vagabundaje" (1952), entre otros muchos títulos.            Además, fue autor de una de sus obras más desconocidas por el público en general que está dotada de una evidente ironía y gran carga de humor como es el título La insólita y gloriosa hazaña del cipote de Archidona (1977), basada en un hecho real y perteneciente al género epistolar, pues se trata de la correspondencia de Cela con su amigo  y académico, Alfonso Canales.  En dicha obra  ambos corresponsales comentaban todo suceso  sorprendente  que llega a su conocimiento y que tuviera como protagonista a la gente común, sus  usos y costumbres, especialmente lo relativo a sus prácticas sexuales, o bien, los sucesos extravagantes y casi esperpénticos que se producían, en general. Es la obra más divertida e hilarante de su extensa producción literaria. Esta obra inspiró una película que obtuvo un notable éxito.
            Este autor consideraba que la novela, como tal género, no se tenía que someter a regla alguna, sino a la omnímoda voluntad del autor. Por ello, y en su constante afán de experimentación, cada novela que escribía ofrecía una nueva técnica narrativa, utilizando los recursos de las más novísimas vanguardias literarias, creando con ello un mestizaje peculiar con los elementos que descubrió como son los ya aludidos: horror, ternura, humor, soltura verbal y lenguaje escatológico que tuvo una ran acogida entre sus lectores.
            Cela fue autor, además de su producción novelística, de múltiples libros de ensayo, artículos, obras de teatro y poesía, entre los que destaca el poemario "Pisando la dudosa luz del día. Poemas de una adolescencia cruel" (1945) y otros muchos romanceros; así como de innumerables libros de viajes.
            En su vida personal, que siempre había mantenido fuera del alcance de miradas ajenas con total discreción, fue noticia su divorcio de su esposa, la vasca María rosario Conde Picavea, con la que contrajo matrimonio en 1944 y madre de su únio hijo, Camilo José, de la que se divorció en 1990 para contraer nuevo matrimonio con Marina Castaño López, matrimonio que duró doce años hasta la muerte de Cela, cuyo fallecimiento abrió un período de conflictos entre los frentes representado por la reciente viuda, por una parte,  y el único hijo de Cela y su madre, por el otro,  por el reparto de la herencia del escritor.
            Cela comenzó a escribir sus memorias cuando contaba 50 años y proyectó hacerlo en varios volúmenes, con el título de "La cucaña", aunque sólo se llegó a publicar un primer volumen con el título "La rosa" que abarca los recuerdos de su infancia. El segundo volumen se publicó un año antes de fallecer Cela, en 2001, y contiene parte de la infancia, adolescencia y juventud del escritor y lleva el título de "Memorias, entendimientos y voluntades".
            A lo largo de la vida de este escritor universal, obtuvo muchas distinciones y premios, entre los que destacan su nombramiento como miembro de la Real Academia Española, en 1956, ocupando el sillón Q, así como los premios Premio Nacional de Narrativa (1984), Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1987), Premio Nobel de Literatura (1989) y Premio Cervantes (1995).
            Decían de Cela que la muerte no le preocupaba demasiado, pues la consideraba "una vulgaridad" y afirmaba que había que esperarla "con la mayor tranquilidad posible". Así esperó a la muerte que le llegó el 17 de enero de 2002, a los 85 años, dejando tras de sí una rica obra literaria singular que es un referente en la literatura española del siglo XX, con amplia resonancia en todo el mundo.