Camilo José de Cela

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26 abril 2006

Zona de Fumadores

Este espacio, como su nombre indica, está reservado a todos los que son o han sido fumadores: a los primeros, verdaderos proscritos de la sociedad del bienestar y la salud, porque hay muchos de ellos que desean dejar de fumar y no lo consiguen porque no pueden o porque, lo más probable, no quieren; y, en cambio, hay otros muchos que no dejan de fumar porque no quieren, sencilla y llanamente. Como ex fumadora que soy, comprendo a ambos grupos, porque durante un cierto tiempo, bastante por cierto, no quería dejar de fumar y, después, me lo propuse y lo conseguí con un remedio infalible, el único que existe y que es eficaz al cien por cien y, además, no se vende en las farmacias y sale gratis; la voluntad aplicada a ese propósito.

Para unos y otros: fumadores en ejercicio que sufren por no poder dejar de hacerlo, aunque afirman que quieren conseguirlo pero no saben cómo, les dedico esta ‘Zona de fumadores” con simpatía y comprensión; y a los que no quieren dejar de fumar, en uso de esa misma libertad que ejercen a contracorriente y legítimamente, también van dirigidas estas páginas en las que desfilarán un amplio abanico de hombres ilustres de las letras, las artes y el mundo cultural, en general, que tienen, o tuvieron, un nexo común, además de su talento creador y éste no es otro que la apasionada, contumaz, e irreductible pasión por el tabaco en cualquiera de sus variantes.

Esta primera entrega va a tratar, pues, del verdadero protagonista de este tema en cuestión: el tabaco, su historia, sus leyendas, sus detractores y sus más acérrimos defensores desde que llegó a Occidente de las manos de Cristóbal Colón.
Sucesivamente, trataré de cada uno de los más ilustres fumadores, sus preferencias, opiniones, gustos y disgustos con respecto al tabaco y sus aledaños.

Espero que disfrutes, lector, seas fumador convicto y confeso, o estés redimido de este ‘
execrable vicio’, según afirman sus muchos detractores que aumentan constantemente. A los que nunca fumaron, estás líneas no le despertarán más interés que el puramente anecdótico y le servirá para sus argumentos detractores, porque nunca tuvieron, ni tendrán, tan malos hábitos; pero sí, en la mayoría de las veces, peores humos.







El tabaco. Historia de su descubrimiento y uso en Occidente.

La primera descripción que se hizo del tabaco la realizó Cristóbal Colón, en un apunte en su diario que el almirante fecha el 6 de noviembre de 1492, el glorioso año del descubrimiento de América. En dicho texto decía:

“...y hallamos a mucha gente que volvía a sus poblados, mujeres y hombres, con un tizón en las manos hecho de hierbas, con que tomaban sus sahumerios acostumbrados...”

Colón relata esta costumbre vista en la isla de San Salvador, sin darle mayor importancia. Los indios les dijeron a los españoles que esa hierba tenía por nombre ‘cohivá’ que es el nombre por el que se conocen a unos famosos puros habanos.

Parece ser, que el tabaco no sólo lo fumaban sino que lo mascaban. Para fumarlo introducían la hierba picada en unos tubos de barro o madera. La otra forma de uso era reducirlo a polvo, o picadura, que aspiraban por la nariz.

Los españoles consideraban esta práctica como una costumbre salvaje; pero algunos españoles lo probaron y le cogieron gusto, sobre todo en la península del Yucatán, en Méjico, cerca de Tabasco, de donde piensan algunos que le vendría el nombre. En 1518, un fraile le hizo un envío sorprendente al rey Carlos I que contenía semillas de tabaco.

Hasta el padre Bartolomé de las Casas habla del tabaco definiéndolo así:

“...son unas hierbas secas metidas en cierta hoja a manera de mosquete , encendido por una parte, mientras por la otra chupan con el resuello para adentro, aquel humo, con lo cual se adormecen y casi se emborrachan y no sienten el cansancio. Y a esto llaman ellos tabaco. Y ya por entonces había en Haití españoles que no sabían dejar este vicio...·


Sevilla fue la primera ciudad europea donde se fumó en público y, curiosamente, la primera también en la que se prohibió fumar basándose en bulas papales y ordenanzas reales. Para tal prohibición se aducía que el tabaco enflaquecía los cuerpos, aturdía la voluntad y entorpecía las almas. Fue un médico sevillano, Nicolás Bonardes, el primer escritor científico que habló del tabaco al que atribuía virtudes curativas y, por ello, lo clasificó entre las plantas medicinales.. Esta apología del tabaco la hace el mencionado doctor en la “Segunda Parte del Libro de las Cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales, que sirven de Medicina, do se trata del Tabaco, del Cardo Santo y de otras muchas Yerbas que han venido de aquella parte...”, obra publicada en 1571, y en la que afirma, de forma harto peregrina, que el tabaco tomado en un caldo producto de su cocimiento aliviaba la artritis y curaba el mal aliento; y, además, agregaba que si se masticaba el tabaco disminuía el dolor de muelas y la jaqueca.

En el siglo XVII se le denomina ‘esa hierba que marea’. Se le consideraba medicinal y alivio para el dolor de estómago. Se hicieron píldoras de tabaco y se consideraba al mismo como una panacea para todas aquellas dolencias de las que no se conocían remedio de la farmacopea.

En Francia lo introdujo un tal F. Nicot que lo había comprado en Portugal a un holandés que volvía de la Florida. Nicot lo introdujo en la corte de la reina Catalina de Médici quien fue la primera que lo uso, aspirándolo en forma de polvillo. Ella lo aconsejaba vehementemente y se extendió su uso por toda Francia, dándole el nombre de ‘hierba de la reina’. La gente empezó a difundir el rumor de que era una medicina que curaba todo tipo de males y dolencias y tal era la creencia en sus supuestos poderes curativos que la propia reina se lo administraba al futuro rey Carlos IX para curarle, según ella, ‘los humores”, dolencia a la que ahora se podría equiparar la depresión. Esa influencia que le daba su uso en la corte real, hizo que el tabaco adquiriera en Francia un gran prestigio.

En Inglaterra no corrió la misma suerte desde que lo introdujo el pirata Walter Raleigh a principios del siglo XVII. Jacobo I escribió un famoso panfleto en contra del tabaco en 1604, llamado Misocapnos en el que lo llama ‘ imagen viva del infierno, esta hierba que marea’. A pesar de la oposición regia, el tabaco gozó de una amplia popularidad entre la sociedad inglesa, tanto la plebeya como la cortesana, menos en las colonias inglesas de Norteamérica donde los colonos puritanos de Massachussets o de Connecticut, alrededor de 1644, lo prohibieron por los peligros que suponía, especialmente, de incendio. Solo se permitía fumar en casa y una sola vez al día.

En España, por otra parte, un poeta sevillano llamado Rafael Thorias escribió en latín la obrita que el tituló ‘Himnus tabaci’. Los españoles introdujeron el tabaco en sus colonias del Pacífico, en Filipinas y en el Japón, de donde pasó al continente chino, antes de 1600..

En Turquía, el sultán Amurates IV, en el primer tercio del siglo XVII, mandaba desorejar en público a quien osara fumar. Y en Rusia el zar mandó amputar la nariz a quien desoyera la misma prohibición. Sin embargo, parece que nada de esto surtió efectos porque se veían a una gran multitud de ciudadanos desorejados y desnarigados fumando en público. El tabaco creaba tal ‘vicio’ que la gente prefería perder el apéndice nasal o auricular antes que dejar de fumar.

El Papa Urbano VIII, en el primer tercio del siglo XVII, prohibió su consumo a los fieles en las iglesias, especialmente el ‘rapé’, modalidad en polvo del tabaco, porque los estornudos que producía distraía a los fieles durante la Santa Misa y , sobre todo,el sermón.

Pero el tabaco era una excelente fuente de ingresos que permitía al Estado gravarlo con impuestos en forma de Regalías, lo que llenaba las arcas reales. En 1611 se gravó por primera vez el tabaco y en 1632 nacieron los estancos. La variedad más preciada, por considerarla lujosa, eran los puros habanos porque se consideraban un signo de riqueza. Los cigarrillos aparecieron posteriormente y se consideraron que tenían un origen humilde, ya que fue, al parecer, un mendigo de Sevilla el que fabricó el primero con las colillas de los habanos que encontraba para así poder saciar su ‘vicio’. En torno a esa costumbre de las clases populares y menos pudientes, nació el cigarrillo como industria y la crisis económica del siglo XIX lo puso de moda con el nombre de ’papelillo’. De España pasó a Portugal y de allí se extendió al resto de Europa. Los ingleses y franceses se acostumbraron a estos ‘fumables’ como les llamaron en tiempo de las campañas napoleónicas en la Península Ibérica.
En Francia se les llamaba ‘cigarettes’ sobre 1820. En 1853 se creó en la Habana la primera fábrica de cigarrillos del mundo y los primeros eran liados a mano. En1860 comenzó el proceso de mecanización. Los ingleses y norteamericanos no le prestaron mucha atención por considerarlo ‘cosa propia de mujeres'; pero después de la Guerra de Crimea las cosas cambiaron porque el mundo anglosajón entró en contacto con el tabaco rubio procedente de Turquía que era mucho más suave que el negro americano.

La primera víctima del tabaco reconocida oficialmente tuvo que ver con un célebre proceso relacionado con la nicotina, sustancia descubierta a mediados del siglo XIX. En 1851 el matrimonio belga Bocarmé había envenenado al hermano de la esposa. El detective M. Stas descubrió que el causante del envenenamiento era un alcaloide: la nicotina.. Se averiguó que el culpable del asesinato había trabajado durante años en la extracción de esa sustancia peligrosa, tanto que los indios americanos la utilizaban para envenenar con ellas sus flechas En ese mismo año, la Academia de Medicina de Francia confirmó que el tabaco era un veneno.


Han pasado más de ciento cincuenta años y muchos dudan todavía si el tabaco es perjudicial o no y, algunos, aún lo siguen discutiendo.

Ahora, que cada cual saque sus propias conclusiones y siga ejerciendo su libertad personal sin coacciones ni prohibiciones que se han demostrado siempre inútiles y, muchas veces, contraproducentes, sobre todo, si se llega a prohibir el tabaco con el tipo de sanciones que en Turquía y Rusia aplicaban, cosa que, afortunadamente, no ha sucedido en España todavía, aunque conviene estar prevenidos
...



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25 abril 2006

Comentarios de una lectora - No me cogeréis vivo


“No me cogeréis vivo”
de Arturo Pérez-Reverte


Como meros apuntes sin más deseo de entrar en una crítica literaria que no me corresponde hacer, comento uno de los últimos libros leídos, señalando una corta reseña de la obra y una opinión que, por personal, es subjetiva y siempre abierta a discusión:


No me cogeréis vivo (Arturo Pérez-Reverte), editado por Santillana en el 2005, recoge los artículos periodísticos del autor publicados entre los años 2001 y 2005 y que sirven como continuación a los dos primeras colecciones publicadas en años anteriores, con los títulos Obra Breve/1, Patente de Corso y Con ánimo de ofender. Poseen todos estos títulos el mismo afán generalista en cuanto a la temática que el que sirve de objeto a este comentario, excepto algunos artículos que, por su tema especialmente puntual, pierden sentido sacado fuera del contexto que los originó.

Nada hay que señalar de nuevo en esta colección de artículos publicada ya que tienen la impronta de una prosa ágil, sencilla de leer. y muy apta para poder expresar las opiniones de su autor en ese lenguaje cercano, coloquial, y del gusto de una generalidad de lectores, entre los que destacan los jóvenes que son, en su mayoría, auténticos fans de este escritor porque les sabe hablar en el mismo lenguaje que utilizan ellos, sin perder un ápice de claridad expositiva ni riqueza conceptual; pero adaptándola a quienes, sabe, son sus principales destinatarios en la mayoría de los casos.

Es un periodista-escritor que sabe contar los hechos que le preocupan, llaman su atención o, simplemente, le fastidian, de una forma clara, concisa y tajante; pero sin renunciar a utilizar los vulgarismos a los que tiende el lenguaje de la calle. Por ello, utiliza términos, por ejemplo, como los arradios, (refiriéndose a los receptores de radio), aún sabiendo que comete una falta sintáctica y ortográfica, para acercar su lenguaje y estilo, en un guiño irónico, al que se ha oído usar en muchos lugares de la geografía española cuando la cultura era escasa y las lecturas también, por lo que les son conocidos a muchos ocasionales lectores que encuentran en estos breves textos la paradoja de que, quien critica en estos artículos los malos hábitos en las costumbres de esta sociedad adocenada y acomodaticia cada vez más vulgar y poco exigente en su lenguaje, los utiliza en un quiebro burlón y sarcástico que pone en evidencia lo que piensa verdaderamente de una sociedad en la que vive y forma parte de ella, pero a la que desprecia en sus facetas más deleznables como son la miseria moral y el acanallamiento de sus costumbres y apetencias.

En Pérez-Reverte no se puede buscar estilo literario, en el sentido estricto, a no ser el que proporciona, precisamente, su ausencia deliberada de cultismos y de todo lenguaje metafórico, usando en su lugar la claridad expositiva, la llaneza en los adjetivos y el evidente deseo de contar historias para todo tipo de lectores y que puedan ser leídas y comprendidas por todos y no sólo por aquéllos bien hablados y mejor leídos; pero que, evidentemente, éstos no son la mayoría de los lectores ni, menos aún, quienes necesitan incentivos para acercarse a los libros y disfrutarlos como es el de verse reflejados en ellos a través de un lenguaje sencillo en el que se reconocen.

Pérez-Reverte es un escritor-pintor de la batalla de la vida, sin más adornos ni florituras, además de Un pintor de batallas, porque ha vivido, ha viajado como reportero y ha estado en demasiadas guerras que le han obligado a digerir esa parte trágica y sangrienta de la existencia humana que, por su condición de corresponsal de guerra, conoce demasiado bien. Esas experiencias son las que le han dado esa impronta de escritor de vuelta de todo; pero al que le importa más narrar la vida que inventarla, y denunciar a quienes disfrazan la verdad y la justicia para presentarlas acorde a sus intereses y, sobre todo, contar historias a quienes están deseosos de beberla en los libros porque todavía no la han probado con toda su crudeza por sus pocos años; pero sin olvidar a quienes por edad, experiencia, o desengaños, cuando le leen se sienten identificados porque en sus páginas corren, saltan y golpean la vida, el dolor y las miserias humanas por unas páginas que están exentas de “contenido literario”, como afirman algunos, pero plenas de sentido común, sinceridad, honestidad, crudeza y hasta, si apuran un poco, de mala leche.
Ana Alejandre
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20 abril 2006

Breviario - La extraña oquedad

La extraña oquedad


Nunca supo que era el amor, ni sintió piedad por nada ni por nadie. Nada le alegraba, emocionaba o deprimía. Los otros eran solo una referencia molesta con quienes tenían que convivir, trabajar o soportar en los lugares públicos; pero llevaba unos días preocupado, por primera vez en su vida, por algo que no comprendía ni de lo que encontraba su causa. Era una sensación de liviandad que le aumentaba cada día como si hubiera perdido bastante peso, aunque sabía que no era cierto; pero se sentía cada vez más ligero y más hueco. Sí, era eso lo que podría definir su estado actual: sentía que dentro de sí mismo faltaba algo que antes estuviera allí, pero no había sufrido ninguna intervención quirúrgica, ni siquiera una simple extracción dental. Entonces, ¿qué era lo que echaba en falta? De todas formas, tenía que reconocer que el proceso había sido paulatino, constante y graduable en intensidad hasta llegar al punto en el que se encontraba y en el que ese extraño cambio parecía haber culminado su tarea y de ello le devenía esa sensación de oquedad interna.

Fue una mañana, al levantarse de la cama cuando vio a su propia imagen duplicada en el espejo y ,atónito, vio como su doble etéreo, de un salto, se separó definitivamente de su cuerpo mientras oía un desagradable ruido como el que hace un tejido al desgarrarse.

Supo entonces, con toda lucidez, que su alma se había desgajado para siempre y, al verla salir por la puerta, sin volverse atrás para mirarlo, comprendió que la había perdido definitivamente.


Ana alejandre


Odio las almas estrechas, sin bálsamo ni veneno; hechas sin nada malo ni bueno.

Friedrich Nietzsche (1844-1900) filósofo alemán
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Breviario -La imagen en el espejo


La imagen que muestra el espejo es como una mirada desenfocada


La crueldad fría del espejo no admite excusas ni excepciones. La cara que muestra es la de quien, desde el otro lado, mira cansado, extrañado o, peor aún, horrorizado por lo que ve. La imagen responde, en una extraña simultaneidad de gestos, a quien, confuso, no acaba de reconocer, o no quiere hacerlo, a su propia imagen reflejada y busca pretextos a lo que le muestra, culpando de su deterioro a la mala calidad del azogue, al cansancio, la enfermedad o, en la mayoría de los casos, a los disgustos y desengaños que se acusan en su rostro. Todo es mejor antes que admitir que esa imagen, irreconocible por no ajustarse a la idealizada que cada uno tiene de sí mismo, no es la que le gustaría tener, la que siempre creía que ofrecía ante los demás. Se da la vuelta y mira hacia otro lado, sabiendo que, cuando vuelva a mirarse en la plateada superficie, será ese mismo rostro que ahora rechaza el que le estará aguardando al otro lado del espejo.



Ana Alejandre



La cara no es jamás opaca del todo. El alma se muestra a través de sus muros.
Aldous Huxley (1894-1963) escritor inglés.

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17 abril 2006

Al filo de los días - Como una luz racheada




Como una luz racheada


La ventana, ojo abierto al mundo, deja pasar la luz grisácea de una mañana de primavera temprana. El suelo, mojado por una lluvia intempestiva, charolea en brillos fugaces al ser iluminado por las rojas luces de posición de los escasos automóviles que pasan con su carga anónima de vidas ajenas. No hay ruido, sólo un constante rumor lejano, como del oleaje en la distancia, que indica que la avenida principal está cerca y por ella transcurre el tráfico presuroso de cualquier otra mañana de lunes. La ciudad parece tomar su pulso cotidiano a la vuelta de unas vacaciones cortas para los que marcharon, y también para los que empezaban a disfrutar del silencio y la soledad de calles muchas veces transitadas; pero que, ahora, empezaban a lucir sus mejores galas entre las que el silencio y la escasez de tráfico eran sus más bellos adornos, los más preciados por inusuales.

Todo vuelve a la normalidad agobiante de un día corriente. La felicidad, escasa y casi sutil, de sentirse aislado en un mundo suspenso entre el vértigo de la velocidad y el silencio de las calles por las ausencias múltiples y desconocidas, ha durado muy poco. Ha sido como un fogonazo de libertad; un destello en el que se ha podido vislumbrar que es posible otro tipo de vida, otra forma más gozosa de habitar el mismo espacio de siempre, convertido en una isla en la que vivir en compañía sólo de las presencias imprescindibles, de aquellos que le dan un sentido y un valor a nuestras existencias, porque a ellos estamos unidos por lazos de amor, amistad o simple utilidad. En esa isla de paz ya no tienen cabida las multitudes cotidianas entre las que se puede sentir la peor de las soledades.

Sin embargo, el sortilegio ha durado poco con el regreso de los miles de coches cargados de cansancio, estrés y olor a carburante. El sueño se ha roto como un cristal al ser herido por un rayo que, al apagarse, ha dejado en su lugar un montón de vidrios rotos y la oscuridad en el horizonte.

Todo vuelve a ser igual y, por eso, el día parece ser más gris, aún si cabe, porque ya no hay más claridad tras los cristales que la poca luz racheada que siempre acompaña a la lluvia y al regreso de tantas soledades unidas por el nexo común de querer encontrar el paraíso fuera y lejos del único lugar en el que existe, y que no es otro que el propio hogar, allí donde, de verdad, nos sentimos dueños de nosotros mismos .y de nuestro destino siempre incierto.


Ana Alejandre
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Anecdotario - El lenguaje y el arte.




El lenguaje y el arte:


Sabido es que el lenguaje de muchos artistas en cualquier rama del arte, ya sea literatura, música, o artes plásticas, se presta a confusión, en algunos casos, por la grandilocuencia, el artificio o el exceso de verborrea que se utiliza para querer definir a la obra artística, propia o ajena, cayendo muchas veces en el ridículo o, peor aún, en el disparate más evidente.

A cuenta de esto y como reflejo de lo que pensaba el insigne escritor español Pío Baroja ( (1862-1956) sobre el lenguaje y su uso, especialmente por su tenaz odio hacia la utilización de frases hechas y lugares comunes que no dicen nada aunque suenen rimbombantes -cuestión ésta que le hacía perder los estribos y saltar irritado al oír los tópicos de siempre-, se cuenta que una vez que escuchaba a un determinado pintor que ensalzaba a sus propios cuadros con todo tipo de palabras y adjetivos altisonantes hasta llegar al colmo de decir como argumento para sus exageraciones::

-El arte, Baroja, se hace con sangre.
A lo que el aludido respondió con rapidez y tono irritado:
-¡Déjese usted de tonterías! Con sangre sólo se hacen morcillas.

Y dijo...


“El lenguaje no es la envoltura del pensamiento, sino el pensamiento mismo.”


Miguel de Unamuno (1864-1936)



Esta frase de Unamuno parece responder a Pío Baroja en su defensa de un lenguaje claro, preciso y carente de tópicos y lugares comunes. Quien piensa bien, se expresa bien y a la inversa.
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Comentario sobre "Memoria de mis putas tristes".



La obra "Memoria de mis putas tristes", de García Márquez, es considerada por algunos como poco representativa de dicho autor; pero no por su ligereza o poca extensión, como parecen señalar -ya que"El coronel no tiene quien le escriba" es una obra del mismo autor y de corta extensión, pero portentosa en su desarrollo y, además, es su preferida, según afirmaba en una entrevista de hace años--, sino porque la última obra de este autor está inspirada en la novela "La casa de las bellas durmientes" de Yasunari Kawabata, magistral obra que García Márquez recrea con su peculiar visión;pero es tan fiel a la obra que le inspira que, incluso, tiene similar extensión material en el número de páginas. Desde luego, es extraño que en niguna crítica de esta última obra de García Márquez, de las que he podido leer, no se haga hincapié en las curiosas coincidencias entre ambas, tanto en el tema a tratar como en las circunstancias personales del protagonista que es casi un sosias del creado por el autor japonés.

La ligereza de la que acusan algunos a dicho obra de García Márque, no deviene de su brevedad, como apuntan, o de su ligereza literaria, sino de la falta de originalidad, ya que "Memoria de mis putas tristes", al no ser nada más que la recreación del personalísimo universo del autor japonés por parte de García Márquez, carece de esa frescura que toda obra original ofrece cuando es una muestra del propio talento creador de su autor, sin influencias externas.

En cuanto a si la ligereza de la que acusan a "Memoria de mis putas tristes", como otras tantas obras actuales, está motivada por su brevedad o no, creo que no es cierta esa similitud que algunos quieren buscar entre brevedad y "levedad literaria", porque obras mastodónticas en su extensión son ligeras en su contenido, sobrado en palabras y falto en conceptos. Ya decía Baltasar Gracián que: Lo bueno si es breve es doblemente bueno, pero eso no significa lo contrario: que lo malo si es breve sea menos malo o, menos aún, que lo bueno si no es breve, sea menos bueno. La cantidad no es atributo de la calidad; pero sí la calidad es un atributo de la esencia y no de la apariencia. Y la esencia de la obra de un autor no es más que la propia y personal visión del mundo del que él es sólo un espejo que refleja la imagen a tráves de su personal punto de vista y, sobre todo, de su maestría narrativa.

Desde luego, poca o ninguna originalidad ha tenido García Márquez al elegir un tema ya tratado con excesivas coincidencias, sobre todo, por el autor japonés, que fue el creador de la bellísima historia y de sus protagonista. En este caso García Márquez recrea la misma historia; pero aportándole su pluma magistral a la hora de crear atmósferas que es, en definitiva, su característica más genial como autor; aunque la falta de originalidad en la trama argumental no resta un ápice de la calidad literaria de este escritor que la ha demostrado nuevamente.

Excelente obra la suya, anque con la anotación hecha de haberse inspirado en otra ya existente de un autor lejano en el espacio cultural y en el tiempo en el que fue escrita "La casa de las bellas durmientes", más de treinta años atrás. A pesar de ello, la novela de García Márquez no es "ligera" por su corta extensión, sino porque, al leerla, cualquier lector avezado nota que esa historia y sus protagonistas le suenan demasiado y eso le resta la frescura y el peso específico de cualquier obra original y auténtica de un escritor de talla demostradamente genial como es el caso de García Márquez.


Ana Alejandre

Y dijo...

Nunca me jactaré de los libros que he escrito; eso que lo hagan otros. Sólo me jactaré de los que he leído. (Jorge Luís Borges).

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Lecturas escogidas - Mi canon


Mi canon literario

Son quince obras de lectura y relectura placentera y deseada, aunque hay muchas otras igualmente válidas para estar en el canon. Sólo he indicado
esta quincena; pero podían ser más.

El Quijote (M. de Cervantes)
El Buscón (F. Quevedo)
El Rey Lear (W. Shaskepeare)
Madame Bovary (G. Flaubert)
Crimen y Castigo (F. Dostoievski)
Ulises (J. Joyce)
El Extranjero (A. Camus)
El Libro del Desasosiego (F. Pessoa)
La insoportable levedad del Ser (M. Kundera)
El coronel no tiene quien le escriba (G. García Márquez)
Rayuela (J. Cortázar)
La colmena (C. J. de Cela)
Juegos de la edad tardía (Luís Landero)
Las uvas de la ira (J.Steinbeck)
Pedro Páramo (Juan Rulfo)

No están todas las que son; pero sí son todas las que están.

Aconsejo su lectura a quienes aún no las hayan disfrutado.




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15 abril 2006

Aforismos


Aforismos insolentes



El hombre no es una animal bípedo, afirma a el pesimista misógino, sino que es solo un animal, a secas.

Dicen que el amor es eterno para los amantes, duda el cínico; pero no hay ninguno que viva tanto tiempo para que pueda comprobarlo.

Cada ser humano se siente único y especial; pero siempre se irrita cada vez que le llaman “raro”.

La mujer hermosa se queja de que todos la alaben sólo por su belleza; pero no soporta a quien pone en duda o ignora su atractivo.

El hombre y la mujer se atraen por sentirse distintos; se enamoran por descubrir coincidencias y se acaban odiando cuando comprenden que son iguales.

No existe mayor desgracia que creer que los otros son más felices.

El hombre es superior a la mujer, afirma el machista; pero la mujer lleva miles de años esperando que se lo demuestre.

Cuando se envía una postal desde un lugar exótico, no se hace por nostalgia de quien la recibe, sino para que compruebe el destinatario que el remitente “si está allí”.

Muchas veces, dos que se odian se unen contra un tercero al que consideran más fuerte, inteligente o superior.

La mordacidad ajena nunca tiene límites para ridiculizar o criticar los propios defectos cuando se ven reflejados en los demás.

El perdedor siempre es culpable de su derrota, a vista de otros; pero el ganador nunca es merecedor de su victoria, según opinión de los perdedores.


El hombre y el mono parecen proceder de un tronco común; la única diferencia visible, a juicio de los pesimistas, es que los monos aún siguen prefiriendo vivir en las ramas.

Ana Alejandre

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Anecdotario - Libros preferidos


Libros preferidos

Cada semana se incluirá una anécdota protagonizada por algún escritor o personaje ilustre del mundo cultural.


Esta vez he elegido a Gikbert Keith Chesterton (1874-1936) como protagonista de esta anécdota que versa sobre los libros preferidos por los lectores:

Cierta revista literaria de Londres realizó una encuesta entre sus lectores sobre cuál era el libro favorito de cada uno. Lo hizo en los siguientes términos para que fuera más concreta la respuesta de sus lectores:

"Si usted fuera un naúfrago en una lejana y desierta isla y pudiera solicitar un único libro para entretenerse, ¿qué título escogería? "

Rápidamente los lectores enviaron múltiples y variadas respuestas que abarcaban un amplio espectro de géneros y épocas: desde la Biblia, hasta las tragedias griegas; desde Shaskepeare hasta libros de filosofía, poesía, etc.

Pero esa misma pregunta se la hicieron los redactores de la mencionada publicación a algunos escritores, entre los cuales se encontraba Chesterton, quien respondió con gran presteza y de forma convencida y tajante:

-Pues nada me haría más feliz que un libro titulado “Manual para la construcción de lanchas”.

Como es lógico, las preferencias sobre lecturas depende del estado de ánimo, de la ocasión y, sobre todo, de la necesidad, gustos aparte.
La ironía de esta anécdota es que Chesterton vivió durante muchos años en una remota isla del Pacífico, cercana a Samoa, llamada la isla del Coco y, parece ser, según alguna teoría recientemente publicada, que fue a la busca de un tesoro...
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Al filo de los Días - Huída en Semana Santa


Huída en Semana Santa

El éxodo masivo comenzó el miércoles de ceniza como preludio de la gran escapada que protagonizan millones de vehículos y sus correspondientes pasajeros durante toda la Semana Santa, huyendo de sus ciudades, de sus vidas y de sus problemas, con el engaño fácil de que, allí donde puedan llegar, les estarán esperando la diversión, el olvido y el descanso de tanto estrés que tienen acumulado después de muchos meses de vivir en ciudades ruidosas por demasiado pobladas, y en las que el descanso, la tranquilidad y la paz de espíritu les están negadas por la propia dinámica que el progreso y la llamada calidad de vida han impuesto en contraprestación a tanto bienestar ficticio, fruto de la técnica, que ha posibilitado tener más tiempo libre, más esperanza de vida y un mayor confort que ha proporcionado al ser humano, en una parábola cínica, la posibilidad, por ello, de tener que preocuparse más en qué utilizar su tiempo libre que cada vez es mayor --a la vez que siente que ese mismo tiempo se le escapa de las manos en una huida vertiginosa, en una curiosa paradoja, que aumenta al ritmo de la velocidad en la que la sociedad actual va instalada, fruto de sus propias contradicciones internas--, que de la propia subsistencia como era el caso de generaciones anteriores.

Ese mismo progreso le ofrece, al mismo tiempo que las comodidades innatas a toda sociedad del bienestar, un mayor número de horas, días, semanas e incluso meses de ocio, posibilidad ésta que años atrás era impensable para el mayor de los optimistas, convirtiéndose así estos macropuentes, fines de semanas –cincuenta y dos al año- y vacaciones de verano, Navidad y fiestas locales, provinciales y autonómicas, en una trampa mortal en la que caer, al verse despojados de sus obligaciones cotidianas laborales o académicas, sin otro asidero para la propia angustia, la soledad interior y la insatisfacción propias de todo ser humano, eligiendo como escapada de ese encuentro consigo mismo que todos rehuyen a esos viajes obligados por el deseo, o necesidad, de una huída hacia delante que saben que no les llevará a ninguna parte, siempre en dirección a un lugar conocido o no, porque eso les da lo mismo, pero diferente, distinto al que viven el resto del año, como si el hecho mismo de cambiar de lugar los despojara de su propia identidad, de sus problemas, de sus angustias existenciales y de su propia soledad.

Esta huída masiva se cobra su tributo sangriento, dejando un balance de más de un centenar de muertos cada Semana Santa, número que se multiplica varias veces en cuanto a heridos que quedan con terribles secuelas de por vida y familias destrozadas; pero, sin embargo, nadie piensa que ese año, en ese puente de Semana Santa, o en cualquier otro desplazamiento vacacional o de fin de semana, pueda corresponderle el terrible número premiado de ser la siguiente víctima –-ésa es la idea que ha querido utilizar la Dirección General de Tráfico para alertar a los conductores sobre los peligros que le aguardan al volante-- , por ser el ser humano ciego ante lo que no desea ver o lo que no puede comprender: que toda huida exterior en el espacio físico temporal no es más que una entelequia, si de lo que se huye es de la propia desolación interior, porque hay un lugar del que nunca se puede huir por lejos que se llegue y no es otro que el propio territorio personal e íntimo del que siempre somos prisioneros.
Ana Alejandre
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14 abril 2006

Anecdotario - Libros preferidos

Libros preferidos

Cada semana se incluirá una anécdota protagonizada por algún escritor o personaje ilustre del mundo cultural.



Esta vez he elegido a Gikbert Keith Chesterton (1874-1936) como protagonista de esta anécdota que versa sobre los libros preferidos por los lectores:

Cierta revista literaria de Londres realizó una encuesta entre sus lectores sobre cuál era el libro favorito de cada uno. Lo hizo en los siguientes términos para que fuera más concreta la respuesta de sus lectores:

"¿Si usted fuera un naúfrago en una lejana y desierta isla y pudiera solicitar un único libro para entretenerse, ¿qué título escogería? "

Rápidamente los lectores enviaron múltiples y variadas respuestas que abarcaban un amplio espectro de géneros y épocas: desde la Biblia, hasta las tragedias griegas; desde Shaskepeare hasta libros de filosofía, poesía, etc.

Pero esa misma pregunta se la hicieron los redactores de la mencionada publicación a algunos escritores, entre los cuales se encontraba Chesterton, quien respondió con gran presteza y de forma convencida y tajante:

-Pues nada me haría más feliz que un libro titulado “Manual para la construcción de lanchas”.

Como es lógico, las preferencias sobre lecturas depende del estado de ánimo, de la ocasión y, sobre todo, de la necesidad, gustos aparte.
La ironía de esta anécdota es que Chesterton vivió durante muchos años en una remota isla del Pacífico, cercana a Samoa, llamada la isla del Coco y, parece ser, según alguna teoría recientemente publicada, que fue a la busca de un tesoro...



Ana Alejandre

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