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22 septiembre 2013

Juan Marsé

Juan Marsé, escritor
por Ana Alejandre

              Nació el 8 de enero de 1933 en Barcelona, muriendo su madre en el parto, quedando al cuidado de su padre, taxista de profesión, que lo dio en adopción a un joven matrimonio apellidado Marsé que no podía tener hijos, por lo que lo adoptó a las pocas semanas de nacer.
        En la ciudad condal transcurrió su infancia y también residió en dos pueblos: de la provincia de Tarragona: Sant Jaume dels Domenys y Arboç del Penedés, donde residían sus abuelos. estudió hasta la adolescencia, porque a los 13 años comenzó a trabajar en un taller de joyería, abandonando los estudios,   ya ue siempre fue un mal estudiante que pasaba más tiempo en la calle jugando y los estudios le interesaban poco. Mientras ejercía dicho oficio comenzó a sentir nítidamente su vocación literaria y publicó sus primeros poemas en la revista Ínsula, entre 1957 y 1959,.y obtiene el premio de cuentos Sésamo.
            Es un apasionado lector de novelas de aventuras, única referencia cultural que tiene en su vida marcada por la penuria del barrio de trabajadores que le marcaronn de forma indeleble y cuyos recuerdos, de los que se nutre principalmente su obra, conforman buena parte de las historias que relata en sus novelas. 
            La influencia política que recibe de su padre adoptivo que había sido de Esquerra y, después del PSUC, pero como militante atípico, yendo por libre, calaron hondo en el joven Marsé que se declara un "voyeur del anarquismo" por la fuerte influencia paterna, pues Marsé consideraba a su padre más como un resistente que como un anarquista.
            Su primera novela empieza a escribirla cuando tenía 22 años, Encerrado con un solo juguete, con la que queda finalista en el premio Biblioteca Breve de 1960 que queda desierto por falta de quorum y que le lanzó en su carrera literaria, aunque el escritor no se encontraba satisfecho, a pesar de las buenas críticas recibidas por esa obra, que se ajustaba al estilo de realismo social entonces muy en boga. 
            Se traslada a París ese mismo año, siguiendo los consejos del poeta Gil de Biedma, y empieza a trabajar como mozo de almacén en el Departamento de Bioquímica Celular del Institut Pasteur, al servicio de Jacques Monod, Premio Nobel y de ideología comunista, con el que mantiene conversaciones sobre la España franquista y comienza su relación con el PCE, influido no tanto por Monod, sino porque dicha organización hacía un fuerte oposición al Gobierno de Franco; partido que abandonó por surgir fuertes desavenencias con sus dirigentes por la intransigencia que mostraban ante la conducta sexual de uno de sus miembros que no era la ortodoxa.
            De regreso a Barcelona, en 1962, publica Esta cara de la luna, obra que no figura en sus obras completas por deseo del escritor que la rechaza. Años más tarde, en 1965, publica Últimas tardes con Teresa con la que obtiene el premio Biblioteca Breve de Seix Barral y que se define como una crítica o parodia de la novela social en sus dos modalidades: la primera, como la expresión del sufrimiento del pueblo y, la segunda, como la constatación de la decadencia de la burguesía, pero siempre desde el lado de la caricatura y el esperpento, porque Marsé afirma ser un gran admirador de Valle-Inclán.
            A partir de entonces, se dedica de pleno a la literatura y abandona definitivamente su oficio de joyero. Empieza a colaborar como columnista en periódicos y revistas, así como colabora con editoriales y escribe diálogos cinematográficos junto a Juan García Hortelano que era amigo suyo.
En 1966 contrae matrimonio con Joaquina Hoyas de la que tiene dos hijos. También, publica en 1970 una extraordinaria novela titulada La oscura historia de la prima Montse, en la que se pone de manifiesto las coordenadas literarias que ha seguido a lo largo de su trayectoria literaria hasta el momento y que son la nota definitoria de toda su obra y sirven para comprender el universo literario de este autor.
            Fue a partir de 1970 cuando comienza a escribir una novela que se considera cumbre en su carrera literaria Si te dicen que caí, publicada en 1972, considerada una de las más importantes novelas escrita después de la guerra. En esta novela aparecen unos relatos inventados por los protagonistas llamados aventis que continuarán apareciendo en bastantes de sus obras posteriores.
            Se vio obligado a publicarla en México, país en el que recibió el Premio Internacional de Novela, por haber sido censurada en España. En ella, inspirada en su infancia y en el territorio en el que se desenvolvió, se encuentran las claves de toda su obra, al poner de manifiesto su sempiterna actitud crítica ante la realidad sociológica de la época en la que transcurre, los años de la reciente posguerra, y ese tono de continua crítica y rechazo a lo establecido será siempre el marco en el que discurrirán obras posteriores en las que pone de manifiesto su continua rebeldía ante una realidad social que no le gustaba ni le gustará nunca, porque su actitud no ha cambiado con el paso de los años, manteniendo siempre su actitud beligerante sea cual fuere la sociedad en la que viva.
            Comienza a colaborar con la revista Por favor, manteniendo una columna dedicada a relatos sobre personajes de actualidad con la que consigue un gran éxito. El Premio Planeta se le otorga por su novela La muchacha de las bragas de oro, novela a la que sigue Un día volveré (1982) y Ronda de Guinardó (1984), novelas en las que la materia narrativa se compone de la propia memoria del escritor, de sus vivencias y sensaciones que le sirven para componer el tejido narrativo de sus historias, como si, además de escribir una obra literaria, con ella también exorcizara a sus propios demonios interiores en un intento de, al recobrar la memoria de sus años vividos, recrear de nuevo aquel tiempo, a los personajes que lo habitaron y a su propia e íntima verdad personal que se incardina así en la historia colectiva de un pueblo. El propia autor afirma que la realidad en sí misma le importa poco y que prefiere la realidad inventada, porque en ella y en su interpretación se encuentran verdades profundas, claves para interpretar lo vivido, el tiempo que ya no volverá y se encuentran así los signos descifrados de un pasado que empieza a tener vida, coherencia y significado cuando ya no existe, paradójicamente, y sólo lo hace en la memoria del escritor que la revive a través del lenguaje, de la palabra, de la memoria y la emoción.
            A partir de 1990 se produce su consagración y éxito como escritor ya consolidado. Recibe el Ateneo de Sevilla por El amante bilingüe; y en 1994 le conceden por su novela El embrujo de Shanghái el Premio de la Crítica y el Aristeion, premios estos que revalidan aún más su triunfo como escritor. Después, un largo silencio de siete años hasta que vuelve a publicar, en el 2000, su última novela, Rabos de lagartija,que es premiada doblemente con el Premio de la Crítica y el Nacional de Narrativa, siendo este último el primer reconocimiento oficial que se le hizo con demasiado retraso a este escritor, una de las más importantes figuras del panorama literario español. También recibió por esta novela el Premio Juan Rulfo que es el más alto galardón literario que concede México.
            En 2001 publicó una selección de artículos sobre cine que habían sido publicados anteriormente en la prensa, entre 1995 y 1996, con el título Un paseo por las estrellas. Cuentos completos (2002) es, como su título indica, la colección de los relatos cortos escritos desde 1957. En 2005 publicó, también, la novela Canciones de amor en el Lolita’s club.
            Su obra rompió con las técnicas narrativas que existían en España en la década de los sesenta y setenta, además de llevar la carga ferozmente crítica que es una constante en su narrativa. Se define Marsé como un escritor catalán que escribe en español. Su narrativa se relaciona con la de escritores con los hermanos Goytisolo, García Hortelano o Martín Santos, todos ellos que empezaron a escribir en la misma época que Marsé: entre los años 1955 a 1970. 
            Sin embargo, no se le puede encuadrar en ninguna de la tendencias narrativas que existen en la actualidad, porque su obra ofrece unas características peculiares, singulares, que la hacen distinta a todos los "ismos" literarios, incluso tampoco puede ser encuadrado en el "realismo mágico" que es el movimiento literario al que más se aproxima, pero sin que se pueda calificar como tal a su estilo que supera a la llamada novela social de los años cincuenta. 
            Hay una constante en su obra que es el mito del padre lejano y desconocido que impregna toda sus novelas como una especie de sombra, de trauma no resuelto y de fantasma que planea sobre el escritor de forma sutil pero presente y que otorga a su narrativa un eco de pérdida y añoranza que no mengua con los años.

Bibliografía y premios de Juan Marsé


BIBLIOGRAFÍA
Juan Marsé, escritor

Encerrados con un solo juguete (1961)
Esta cara de la luna (1962)
Últimas tardes con Teresa (1966)
La oscura historia de la prima Montse (1970)
Si te dicen que caí (1973)
La muchacha de las bragas de oro (1978)
Ronda del Guinardó (1984)
Un día volveré (1982)
Teniente Bravo (1986),
Señoras y señores (1988),
El amante bilingüe (1990)
El embrujo de Shanghai (1993)
Rabos de lagartija (2000)
La gran desilusión (2004)

Relatos:La fuga de río Lobo (Destino, 1985)
Teniente Bravo (Plaza & Janés, 1986)

Artículos periodísticos:
Señoras y señores (Punch, 1975; Tusquets,1987)
Confidencias de un chorizo (Planeta, 1977)

PREMIOS

Premio Biblioteca Breve Seix Barral (1965)
Premio Internacional de Novela "México" (1973)
Premio Planeta (1978)
Premio Ciudad de Barcelona (1985)
Premio Ateneo de Sevilla (1990)
Premio de la Crítica (1994)
Premio Europa de Literatura (Aristeión) (1994)
Premio Sésamo de cuentos (1959)

Premio Juan Rulfo (1997)
Premio Internacional Unión Latina (1998)
Premio de la Critica (1993 y 2000)
Premio Nacional de Narrativa (2001)
Premio Cervantes (2008)

ENLACES

Página oficial de Juan Marsé
http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/marse

Artículo
http://www.el-mundo.es/elmundolibro/2000/08/13/anticuario/965901135.html


Artículo de despedida de Manuel Vázquez Montalbán
http://www.vespito.net/mvm/adios18.html

Artículo de José Carlos Mainer sobre Juan Marsé
www.march.es/cultura/pdf/ensayos/juanmarse.pdf

Simposium internacional Juan Marsé Univ.Barcelona
http://www.ub.es/div5/jmarse/


La isla del libro y el día del tesoro


Juan Marsé
Juan Marsé, escritor


Veo sentada ante mí, en casa, a la joven estudiante de robustas rodillas y nervioso bolígrafo que me visita para anotar en su cuaderno gravísimos datos sobre mis novelas con destino a su tesina; la veo parpadear, confusa, ante mis delgadas respuestas (que no encajan en su vasto y complicado plan de estudios: le digo, por ejemplo, que el Pijoaparte jamás se propuso desenmascarar a la burguesía catalana, sino simplemente enamorar a Teresa), la veo cotejar notas, alterar esquemas, rectificar planteamientos, desorientada, y yo, algo entristecido, me pregunto quién la ha desorientado, cuándo y cómo ha perdido esa muchacha el placer de leer. Afirma que la novela le gustó, pero se nota que no lo pasó bien leyéndola, y lo que es peor, ya no considera importante el pasárselo bien leyendo novelas. Entonces, ¿quién o quiénes le quitaron a esa chica el deseo de disfrutar con un libro, dejándole sólo la obligación de aprender? ¿Aprender qué, además? ¿Sociología, semiótica y semiología, estructuralismo, sentido y forma, relaciones metalingüísticas, perspectiva exógena y estructura interna?

Por un breve instante, horribles fantasmas de posibles tesinas pasadas y futuras desfilan por mi mente con extravagantes títulos: El significado de los toros y de la humilde patata en la poesía de Miguel Hernández -Estructura, calor y sabor de las magdalenas en la obra de Proust - El Pijoaparte hijo natural semiótico de Henry James, con permiso de Félix de Azúa - Los silencios de Moby Dick y su relación metalingüística con la pata de palo de John Silver y con el mezcal y los barrancos de la prosa deMalcolm Lowry - Madame Flaubert soy yo, dijo Federico García Lorca.

¡Maldición, estamos rodeados! Así es imposible leer, hay que saber demasiadas cosas, hay que amueblar la mente de bidets teóricos, hay que ser experto en demasiadas chorradas -le digo a la desilusionada estudiante de graves rodillas y afanoso bolígrafo. Se han empeñado ellos, los malditos tambores de las cátedras y de los institutos, los avinagrados columnistas de diarios de provincias, los rastreadores de estilos y figuras de la alfombra, los rebuznos de la crítica trascendente y los cuarenta años de incultura franquista, en convertir la lectura de un libro en cualquier cosa menos en un placer, un acto libre y espontáneo, una aventura personal con la imaginación. ¿Quieres un consejo? Tira por la borda ese cuaderno y ese bolígrafo y ponte a leer, sobre estas rodillas sojuzgadas de estudiante aplicada, y con ojos infantiles a ser posible, renovada la capacidad de asombro, el sentido de la vida y la imaginación penetrante, otra vez, "La isla del tesoro". Callarán los bobos tambores eruditos y recobrarás el tesoro de leer.

[Publicado por primera vez en "El Periódico", 22/4/79]

PARABELLUM
Por Juan Marsé

Agazapado sobre la mesa escritorio, Luys Ros empuñó la suntuosa y pesada estilográfica y la suspendió unos segundos sobre el folio veinte.
-¿Tú qué opinas, Mao? -dijo alegremente- ¿Lo hago?
El enorme bulldog, de un lustroso color avellana, abandonó la alfombra donde yacía y salió del estudio sin dignarse mirar a su amo. Poco después, cuando Luys Ros introduce la primera falacia en la redacción de sus memorias, apenas considera el hecho como una simple licencia poética, un personal ajuste de cuentas con el pasado que no cesa de importunar. Pero ese detalle trivial, la alteración de la fecha en que dejó de usar el fino y bien recortado bigote (1957, que tachó con la pluma para anotar 1942) provocaría en el texto una reacción en cadena de imprevisibles consecuencias. Encerrado en su retiro de la playa, en esta casa donde aprendía a aceptar con indiferencia su soledad, la muerte repentina de su mujer y el desprecio de sus hijos, empezó a torturar los folios mecanografiados mediante tachaduras y notas al margen. Arrepentirse de algo es modificar el pasado, pensó. Podría encabezar el capítulo sexto como epígrafe.
O bien invocar a M.: ni el pasado ha muerto, ni está el mañana ni el ayer escrito. Tres injertos ficticios en el tronco biográfico de la posguerra y nacerán las ramas que han de protegerte de cualquier acusación: ya en el año cuarenta y dos flaqueaba tu fidelidad a la ideología que te convocó en el treinta y seis: quedaría demostrado. Concibió la posible escena con Olvido, poco antes de la boda, soleada primavera en el recuerdo. Entre los utopistas de la victoria, yo era entonces uno más. Olvido: sus andares de novia en el Paseo de Gracia, el vuelo airoso de su falda estampada, el dorado vello de sus brazos. Salón Rosa. Aquí.
Luys Ros consultó unas notas de su diario. 28?10?42: Hoy envío a P. L. E. un poema para Escorial. He hablado por teléfono con L. F. V. y me confirma su asistencia a la boda. Aperitivo con Juan Antonio y Maribel en La Puñalada. Por la tarde, piernas cruzadas de Olvido en el Salón Rosa. Sus rodillas con polvo de reclinatorio, su indiferencia ante la lista de boda. D. R. regresó de Rusia. Aquí, eso es. Confesarle a Olvido tu decisión irrevocable de renuncia. Alegre muchacha de la Sección Femenina, en cuya Oficina de prensa trabajaba entonces, se llevaría un disgusto de muerte, eres alta y delgada, una terrible decepción. Su militancia tenaz, tan femenina. Tenía que ser la primera en saberlo, mañana en su casa. Pero al día siguiente, al entrar en aquel piso del Ensanche, el olor a medicinas, la palidez y la angustia de su madre, el silencio grave en el dormitorio, describir el ambiente: Olvido en la cama, demacrada. bellísima, el primer síntoma alarmante de una extraña enfermedad (por cierto, pensó mientras perfilaba la falsa escena, en esa época o poco después sufrió realmente un desvanecimiento, su madre lo recordaría si aún viviera. O sea: perfecto, encaja).
La conversación privada con el anciano médico de la familia, Goday creo que se llamaba (fallecido también, por fortuna) describir los síntomas, asesorarme con un médico: seguramente intensos dolores en pecho y brazos, parálisis parcial, etcétera. Quizá más verosímil la diabetes, tal vez leucemia, insuficiencia renal. O mejor una enfermedad cardíaca, una antigua lesión de la infancia a la que no se había dado importancia y se había reproducido, y que Olvido soportaría toda su vida con entereza ejemplar, en secreto. Sólo él lo sabría, su marido. Sembrar el texto de las memorias con los síntomas, desde ese día hasta su muerte: mareos, vómitos, palpitaciones. Hacerlo creíble, normal. Asesorarme con discreción. Pulir el estilo, maestro. Ni énfasis ni preciosismo...
A través de la ventana abierta, le llegó a Luys Ros el bullicio de los bañistas en la playa. La doble hilera de toldos listados, en los que predominaba el color fucsia, se extendía sobre la arena. Sí, evitar la retórica litúrgica, el entrañable estilo tan celebrado ayer y que hoy hace tronchar de risa a mis hijos y a Mariana, malditos hijos de la paz. Luys Ros arrugó el ceño sobre la nota al margen y dejó la pluma. Este injerto, destinado al capítulo cuarto y, pendiente de ulteriores precisiones de tipo médico, concluía con su decisión de postergar la ruptura con la Falange y con el Régimen hasta que Olvido superase la "grave enfermedad".